20/02/2024
12:05 AM

'Era como el infierno viajar en ese tráiler”: migrante relata odisea de viajar con coyote

Carros particulares, buses de lujo, lanchas, tráileres y taxis para cruzar a los migrantes tiene la red de coyotes.

MÉXICO.

Se aventuró, sorteó un sinfín de obstáculos, dejó su empleo, su casa y su familia, con el objetivo de alcanzar el sueño americano.

Alberto es uno de los tantos hondureños cuya familia le pagó una fortuna a un “coyote”, pero no tuvo la suerte de llegar al norte.

Por cuestiones de seguridad se omite su apellido. Aquí su trágica historia. “El sueldo no me ajustaba, pasaba una situación económica difícil y un primo me enganchó. Me giró 7,000 dólares para el viaje. Salí desde Nueva Frontera, Santa Bárbara, y viví las dos semanas más angustiosas de mi vida.

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Mi primo me dijo que no me preocupara y me recomendó un coyote. ‘Es de los buenos, todos los que lleva a Estados Unidos los cruza’, me aseguró.

Datos
Red. Carros nuevos utilizan para el traslado en Tabasco, viajan en caravanas y tienen acuerdos con autoridades para no ser detenidos.
Caminatas Los coyotes conducen a los migrantes por caminos en los que transitan a pie para llegar a los ranchos, donde esperan otros traslados.
El coyote era de Santa Bárbara. Cuando mi primo le depositó el primer pago de 3,500 dólares, el traficante fue claro conmigo: me dijo que me iba a acompañar desde Honduras hasta Villahermosa, México, y que al estar en ese lugar mi primo debía pagarle los restantes 3,500 dólares.

Si no los pagan, entonces no avanzás’, me amenazó.Llegó el día del viaje. Salimos en un carro particular para Agua Caliente, la frontera con Guatemala. No íbamos solos. Nos acompañaban una pareja y una niña pequeña.

Dio su testimonio y pidió el anonimato por miedo a enfrentar las redes de coyotes de la ruta migratoria.Fotos: Andro Rodríguez

Foto: La Prensa

Entre los cuatro le daremos 28,000 dólares a este tipo, pensé.Al llegar a Agua Caliente nos dijo que hiciéramos el chequeo en Migración y que dijéramos que íbamos para Esquipulas.
Dejó el carro en la aduana y a la niña se la llevó él. La pasó por puntos ciegos.

Luego de registrarnos en la frontera, tomamos un bus para llegar a Esquipulas y allí nos reencontramos con el coyote y la menor.Esperamos tres horas hasta que saliera el bus. Nuestro siguiente viaje era a Santa Elena, Petén, Guatemala.

En ciudad de méxico tenían a 69 personas en un solo cuarto, era horrible

Alberto, migrante hondureño
Durante el trayecto a Santa Elena había varios operativos. Nos pedían una identificación y el ticket de Migración.Fueron como cuatro operativos y yo no tuve problemas con la autoridad, pero la familia sí los tuvo. Como ellos no llevaban pasaporte de la niña, unos policías los acosaron y cuando pensé que los iban a bajar de la unidad les pagaron 300 quetzales para que les permitieran continuar con el viaje.

Cuando llegamos a Santa Elena, nos quedamos durmiendo en un hotel. Al día siguiente, muy temprano, salimos en otro bus, rumbo a El Ceibo. Al llegar a ese lugar, el coyote nos dijo que ahora nos tocaba viajar en lancha para cruzar el río San Pedro y llegar a Tenosique, Tabasco.
Luego, nos llevaron hasta donde estaba una bandera (un informante, parte de la red) y allí había un taxi esperándonos.

Nos subimos y nos adentramos a una selva hasta llegar a un lugar que en México le denominan Rápido y Furioso, porque se pasa a toda velocidad.

Desde aquí nos llevaron en carros nuevos, en trayectos de una hora y luego abordamos taxis, hasta llegar a Villahermosa, Tabasco.Íbamos en cuatro carros. El primero era como bandera, pues pasábamos frente a los operativos y no nos paraban.

En los carros llevaban radios y hablaban por códigos. También llevaban varios juegos de placas para carro, las cuales cambiaban en ciertos tramos.

Datos
Impacto. Autoridades de Suchiate aseguran que la migración afecta el plan de desarrollo del municipio porque se distraen atendiendo a los ilegales.
Convenio.Se suscribió acuerdo de libre tránsito en 2006 entre países del CA-3, por lo que a los hondureños solo les piden la cédula en puntos de registro.
Todo estaba coordinado y llegamos sin problemas a Villahermosa. Estuvimos cuatro días en una casa. El coyote esperaba que hiciéramos el pago de lo que faltaba para continuar el viaje.
Dio instrucciones y dijo que los restantes 3,500 dólares debían pagarse en envíos de 350 dólares a 10 personas distintas.

Una vez que verificaron que el pago se había hecho, continuamos el viaje.En esos cuatro días que estuvimos en esa casa de Villahermosa, a cada momento llegaban más personas, quienes al igual que yo, soñaban con llegar a Estados Unidos.

Con los 7,000 dólares ya pagados, el coyote nos trasladó a un puente. Nos dijo que esperáramos, que un tráiler iba a pasar por nosotros.Esperamos 40 minutos hasta que llegó la rastra. Nos subimos al furgón, éramos bastantes.

Recorrimos centenares de kilómetros en ese tráiler, el calor era horrible, era el vivo infierno.
Llegamos a un rancho. Allí descansamos y a medianoche nos adentramos en un camino saltando alambrados.

Nos exigían que camináramos rápido, que nadie se rezagara y que miráramos para atrás para ver si nos venían siguiendo.En ese trayecto, recuerdo, que varias mujeres se cayeron de agotamiento. Tras varias horas de camino, el coyote gritó: vienen los contras y corrimos. El miedo que sentía era enorme. Pero llegamos a un rancho, donde un señor estaba apuntándonos con un arma.

El coyote nos dijo que no tuviéramos miedo, que el dueño del rancho estaba pagado. Continuamos el viaje entre casas abandonadas, tráileres y buses de lujo, hasta llegar a Ciudad de México.Aquí, nos bajaron en una gasolinera y en carros nos llevaron a una vivienda. Llegamos a la casa de un tal Chocorrol. La estancia ahí fue horrible. Había una gran cantidad de niños, mujeres, hombres y ancianos. Era un lugar feo.

Solo estuvimos un día. Después nos movieron a Durango en carro y luego en tráiler, íbamos en medio de pollos vivos. El trailero llevaba dinero para pagar en los retenes. En Durango, un taxi nos esperaba para llevarnos a un rancho de un tal don Ricardo. Allí llegaban federales y policías a cobrar. Después de cinco días, nos trasladaron a Ciudad Juárez, ese fue el último lugar. El dueño de esa casa nos fue a tirar al río. Nos dijo que cruzáramos el río -Grande- y que nos entregáramos a la migra de El Paso, Texas. A mí me arrestaron, me encerraron cinco días y me devolvieron a México. Hoy espero una cita para ver si me dan asilo y así llegar, por fin, a Estados Unidos”.