Tengo un amigo aficionado al golf al que la directiva de su club lo suspendió durante 30 días por liarse a golpes con otro jugador. Mi amigo fue el agresor físico, pero ambos 'protagonistas' fueron suspendidos por igual período. Dice mi amigo que el otro desde el primer hoyo venía 'contando' mal.
Es extraño que en el golf ocurran esas cosas: que se agarren a puñetazos o que un jugador haga trampas. La idea es que se trata de un juego donde se denuncian errores y faltas propias y se advierte a los rivales de que pueden jugar equivocado o que han sumado golpes de más, autoperjudicándose, conducta totalmente ajena a cualquier otro tipo de competencia deportiva. Pero las cosas se popularizan y cambian, por más que los escoceses ni soñaran con ello cuando hace más de medio milenio crearon el golf.
La cuestión es que mi amigo, avergonzado y tras pedir las debidas disculpas, insiste es que a veces no hay otra alternativa: las opciones eran dejar de jugar y renunciar a su legítimo derecho, hacer una denuncia, la palabra de uno contra el otro, o hacerse de 'la vista gorda y lavarse las manos' para evitar líos, pero no cumpliendo con su deber de cuidar de los intereses de todos los demás que estaban jugando. Las autoridades del club hicieron lo correcto al suspender a mi amigo. Es inadmisible, desde cualquier punto de vista y cualquiera sea la razón, liarse a golpes jugando al golf. La próxima vez, lo echan, pero también investigaron, vieron antecedentes, y escucharon más de una opinión, y suspendieron al otro. No puede el club, concluyeron, aceptar actos, expresiones y agresiones que aunque no son físicas directas, no son menos graves y sin duda a la larga conducen a situaciones de violencia.
Algo parecido es lo que le sucede al club de la Organización de Estados Americanos, OEA, cuyos directivos, dicho sea de paso, no siempre se manejan con la ponderación e imparcialidad con que lo hacen los del club de golf de mi amigo.
Hace bien, sí, la OEA en rechazar de plano cualquier tipo de intervención directa y de violación del territorio y la soberanía de un país, por parte de otro u otros, cualquiera que sean los motivos y circunstancias. Con ese principio no se transa, pero también deberá investigar más.
Habrá de establecer cómo se define que un país y un gobierno, que se dice amigo o se sienta en la misma directiva del club, dé espacio o cobijo a terroristas que buscan por la violencia derrocar a un gobierno legítimo y que además están asociados al narcotráfico y utilizan el secuestro de inocentes como instrumento de lucha. Habrá que saber cómo explica ese gobierno, vecino en el caso, esas presencias en su territorio y por qué repetidamente ha negado que ello ocurra, lo cual ahora quedó totalmente desmentido con la muerte de 23 terroristas muertos como consecuencia de la incursión militar traspasando fronteras.
También habrá que investigar lo que se encontró en cuanto al tipo de relaciones, incluyendo ayuda financiera, de esos terroristas con algunos gobiernos vecinos. Será bueno definir de qué se habla en esos casos: si hay o no violación de soberanía, si es o no una forma de intervenir o inmiscuirse en los asuntos internos de otros países. Saber, además, de qué se trata cuando se movilizan tropas a las fronteras sin ninguna razón concreta, a no ser la de desviar la atención de problemas internos propios o proteger a algún terrorista amigo. Es positivo que se establezca qué tipo de amenaza es ésa o qué tipo de interferencia constituye anunciar el envío de tropas a otro país para evitar cambios internos, o intervenir en las luchas electorales de naciones ajenas no sólo dando opiniones fuera de lugar, sino también con financiamiento. Sobre todo esto deberá investigar el club de la OEA.