Pobres de solemnidad” es la calificación para numerosos aspirantes a ocupar cargos de elección popular, de tal manera que por carecer de ingresos hasta son desconocidos en el Servicio de Administración de Rentas. No decimos que no paguen impuestos. Por lo menos uno de altos vuelos declaró “un centavo” de utilidad. Buena intención no le falta, aunque nada más sea “para tapar el ojo al macho”. Pero que carezcan del documento del RTN debiera ser impedimento para integrar listas electorales, aunque la Constitución señale lo de elegir y ser electo.

Es una vergüenza o, mejor, una sinvergüenzada que no se hallen registrados en la oficina de impuestos y hablamos de gravámenes nacionales, impuesto sobre la renta, retención en la fuente, sueldos, salarios, honorarios y dividendos. Si echáramos una mirada en las municipalidades por aquello del impuesto vecinal, de servicios públicos y otros pagos requeridos para diversas actividades el número alcanzaría el nivel de enésimo. Pero nos quedamos en el ámbito de los señalamientos oficiales.

Aquello de “política limpia” no llega ni a la propia cocina para unos 12 mil candidatos totalmente desconocidos para la oficina de tributación. Revelador, según el SAR, es que cerca de 600 candidatos, empresarios o relacionados con empresas, socios, mantienen una mora superior a los 200 millones de lempiras. Hable en campaña de honradez, transparencia, amor a la patria y prometa tiempos mejores y cambios radicales.

Aquí sí se debería eliminar aquello de “se dice el pecado, pero no el pecador” para llegar a las urnas con un mayor conocimiento de los aspirantes, pues la manida manipulación a lo largo de la campaña proporciona una imagen inmejorable, como los más límpidos y cumplidores capaces de hacer honrados y servidores a los demás. Son únicos, pero bien sabemos para qué.

¿Qué se puede hacer? En principio nada, pues, aunque lo sugiera el SAR no se les veta su integración en las listas electorales. Para allá van lo mismo que aquellos otros muchos que no presentan las cuentas de campaña por muchas prórrogas que den y por infinidad de facilidades para que den a conocer los gastos o la mal llamada inversión política, con cuyos beneficios se sueña para los próximos cuatro años o algunos más. En conclusión y en expresiones oficiales es desolador, pues el 93% de los candidatos no paga impuestos, solo el 7% honra obligaciones, la mayoría sueña con la huaca. ¡Pobrecitos, están en la calle! Si en la víspera ya los conocemos no es necesario imaginar su fiesta, la de ellos, y la pesada cruz para el pueblo.