30/06/2022
10:14 PM

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Las señales

    El regreso presencial a las aulas en escuelas y colegios, tras más de dos años de educación virtual y muchos meses de cuarentena, tiene preocupados a educadores en todo el mundo cuando han confirmado un aumento de casos de bullying o agresiones —sean físicas o verbales— entre compañeros, un comportamiento que puede derivarse, de acuerdo con los sicólogos, al estrés emocional generado por el prolongado aislamiento y, desde luego, por los efectos de la pandemia en sus propios hogares. Y es que, en todo este tiempo de educación virtual, el uso obligatorio de teléfonos inteligentes, plataformas digitales y de redes sociales ha facilitado y disparado la propensión al acoso cibernético entre los jóvenes, el conocido popularmente como ciberbullying. Nuestros hijos pueden sufrirlo sin que nos enteremos, porque crece como una plaga silenciosa que daña la mente.

    Esta suma de casos de humillaciones, insultos, amenazas, abusos de un niño, niña o adolescentes por otro o bien otros compañeros, a través de internet o de sus teléfonos móviles, es parte del deterioro que ahora mismo debe ser detectado tras el regreso de la obligada virtualidad. Se trata de una cultura peligrosa y violenta pospandemia, como lo han descrito expertos que recomiendan a los maestros tener una comunicación más abierta con los alumnos y crear conciencia contra el abuso. Si tienen una hoja de ruta para prevenir estos casos y para atenderlos, es el momento de echar mano de ella; si no la tienen, deben armarla porque, a esas edades, tanto necesita ayuda el agredido como el que agrede. Apoyarse con los padres o tutores para imponer normas de convivencia donde las burlas son inaceptables, ya sea en la escuela o al usar las redes sociales.

    Los padres deben esforzarse para detectar si sus hijos son víctimas de humillaciones o amenazas o si son o pueden llegar a ser agresores; estar conscientes que las carencias afectivas en casa están entre los detonantes de la violencia escolar. Deben descubrir esas señales enfrentando el silencio que suele acompañar al niño o adolescente agredido, porque tiene miedo a denunciar su situación. Los que están sufriendo acoso suelen presentar cambios en la conducta, explican los expertos; pueden ser más irritables, lloran con facilidad, o bien ser menos comunicativos que lo normal. Es señal de bullying si se aísla, si carece de amigos, si no lo invitan a trabajar con grupos de compañeros; la excusa de un dolor de estómago o cabeza para evitar ir a la escuela pueden ser parte de las señales que hay que atender en casa para pedir el apoyo a los maestros, sobre todo en este período de adaptabilidad en el regreso a la educación presencial. Atendamos a tiempo esas señales.