21/02/2024
01:43 AM

Las remesas

    Y menos mal que pueden consumir o subsistir, pues, de lo contrario, serían muchos miles más los pobres de “solemnidad”. Se refiere a aquellos necesitados que acudían a pedir limosna a las puertas de los templos en las fiestas solemnes. Es una expresión que ha quedado como anacronismo, pero que cobra significado y sentido cuando en acelerado crecimiento aumenta la pobreza pese a la ayuda de familiares, nos referimos a las remesas.

    En el Colegio Hondureño de Economistas (CHE) proporcionaron una explicación real de este fenómeno social que ha echado raíces en la mayor parte de los países latinoamericanos. “Las remesas son para la sobrevivencia de las personas beneficiadas y son pocos los hondureños que las utilizan para invertir en bienes inmuebles para su retiro”. Y cómo considerar inversión si el plato está vacío, si hoy el costo de los servicios públicos galopa, si es una especie de “milagro” disponer de ingresos permanentes por medio de un empleo, si se espera como “agua de mayo”, el aviso de la llegada de la ayuda exterior.

    “La persona que recibe remesas y la gasta en consumo, no multiplica, y la persona que envía trabaja mucho y se priva de muchas cosas. Pero esto es parte de una cultura arraigada, el que se va se responsabiliza de mantener al que queda”. Acertada síntesis de la emigración, del éxodo masivo de hondureños. Pero es necesario añadir que falta el sincero reconocimiento de la contribución de los migrantes a la paz interior, a la débil estabilidad social y a la situación no tan precaria del sistema financiero nacional que en el primer semestre al año ha recibido más de cuatro mil millones de dólares.

    Y ahí están los políticos y funcionarios alardeando de medidas que se convertirían en falacias mayores si careciesen del respaldo de los recursos que millones de hondureños reciben del exterior. Ni palabras de elogio, mucho menos atención diligente, oportuna y necesaria del servicio consular más dedicado a recibir personal cercano a altos funcionarios o activistas del partido.

    Ya es hora, en justicia, de un cambio real en la agenda consular para dotar a todos los hondureños en el exterior del Documento Nacional de Identidad, atender la demanda de la renovación de pasaporte, así como facilitar la inscripción de los recién nacidos que, como en España, no reciben la nacionalidad por nacimiento, sino que se remite a la de origen de sus progenitores.

    Si todo eso no cala en la “élite”, por lo menos que reconozcan la altísima contribución, más que los planes eternos y los proyectos dormidos del Gobierno, para mitigar la pobreza y prevenir males sociales derivados de necesidades ancladas en la supervivencia.