19/05/2024
12:00 AM

La pandemia
que continúa

    Además de las muertes y de las secuelas físicas que la pandemia del covid-19 produjo en el mundo entero, ha sido evidente que la salud mental de la población mundial fue afectada seriamente durante los largos meses de aislamiento, total o parcial, y, claramente, continúa.

    Basta hacer una sencilla exploración sobre el incremento de atenciones psicológicas y psiquiátricas, así como de las ventas de ansiolíticos y antidepresivos, para concluir que el bienestar psíquico de las comunidades, aun habiendo terminada la emergencia, pasa por un momento complicado y que debe atenderse con la misma seriedad y urgencia con las que se tratan otros asuntos de interés público.

    La falta de salud mental tiene consecuencias en todos los ámbitos de la vida: en la familia, en el trabajo y en las relaciones sociales. La violencia intrafamiliar, además de los tristes resabios machistas que perviven en países como el nuestro, puede tener su origen en un estado psicológico que detona la agresividad. El estado de ánimo de los niños y jóvenes tiene un impacto directo en el rendimiento escolar y, por supuesto, en la convivencia familiar. Una de las causas de absentismo laboral radica también en la falta de estabilidad psíquica, y el bajo rendimiento en las actividades cotidianas en la fábrica, en el taller o en la oficina, también se encuentran ahí.

    Por otro lado, la violencia cada más preocupante que se da en las calles de nuestras ciudades y en otros sitios de interacción ciudadana, tiene también su raíz en una salud mental en crisis.

    Las personas no somos solo órganos y sistemas, y aunque hay una relación inevitable entre el cuerpo y lo que los clásicos llamaban alma, y el cerebro es uno de los órganos del cuerpo, hay una autonomía innegable entre lo puramente orgánico y las emociones, los sentimientos y las pasiones. El problema está en que lo que le sucede al cuerpo le repercute en el “alma” y que lo que a esta última le pasa también tiene consecuencias en el funcionamiento del cuerpo. De modo que, los seres humanos necesitamos ser concebidos y atendidos integralmente. Desde diferentes perspectivas se ha señalado que sin salud mental no hay sociedad sana. Y una comunidad psíquicamente enferma no podrá convivir ni producir de manera óptima.

    De modo que, desde la familia, desde la escuela, desde el Estado mismo hay que poner atención a las personas, no importan sus edades, y buscar el tratamiento necesario para evitar sufrimientos que pueden evitarse y así aspirar a una mejor calidad de vida.