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Inocentadas

  • Actualizado: 26 diciembre 2018 /

    Así como en la cultura anglosajona existe el april fools day, y los días primero de abril las personas se hacen bromas, en España y América Latina, los veintiochos de diciembre, también ha existido la tradición, hoy realmente menguada, de realizar “inocentadas” o bromas a amigos, colegas o familiares. En este último caso, la razón de la festividad no es precisamente divertida porque el calendario litúrgico católico romano lo que conmemora es aquella matanza de infantes menores de dos años que ordenó el rey Herodes cuando los magos de Oriente regresaron a sus naciones de origen sin pasar por Jerusalén y sin darle cuenta del lugar exacto sobre el que se había posado aquella estrella que los había guiado a Belén. Aunque, cuando se ha hecho el cálculo de la población menor de dos años que podría haber habitado en la zona, se ha concluido que los infantes asesinados apenas superaban la docena, el solo hecho resultaba reprobable y sumió en profundo dolor a las familias que padecieron la crueldad herodiana.

    Hasta hace algunos años, incluso, los diarios escritos de circulación nacional publicaban portadas que le jugaban inocentadas a sus lectores al anunciar la renuncia de algún funcionario público o una rebaja ficticia a artículos de primera necesidad o a los combustibles.

    Esas bromas solían, de alguna manera, interpretar el sentir de la población insatisfecha con la actuación de algún personaje del Gobierno o con la falta de resultados positivos de su gestión. La fecha coincide, además, con aquellas en las que secretarios de estado y otros miembros del engranaje gubernamental acostumbran presentar su renuncia al presidente de la República, el que puede aceptarla o no. Ha habido años en los que prácticamente se ha reestructurado un gabinete completo o han desaparecido de la escena burócratas poco eficientes.

    Este año no se conoce, hasta ahora, de movimientos importantes en el engranaje ministerial. El pueblo, o ve serios problemas o no es testigo de mejorías notables en áreas sensitivas, y espera que haya cambios que generen esperanza. Porque cuando siguen los mismos, aunque no produzcan resultados, o se coloca a personas que provocan más frustración, la ciudadanía se siente como si le hubieran jugado una inocentada.

    En serio, todos esperamos que cualquier cambio sea para bien. Todos queremos que los funcionarios obtengan buenos resultados, porque cuando ellos hacen bien su trabajo, y las cosas salen bien, el país entero resulta beneficiado, no importa su ámbito de responsabilidad, no importa si es en educación, salud, energía o comunicaciones. Así que, más trabajo en serio y menos inocentadas.