30/09/2022
01:18 AM

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Fallas geológicas
y fallas humanas

    Más que dolorosas resultan las imágenes de los corrimientos de tierra en el noreste de Tegucigalpa, y que han afectado a más de 200 familias que, en cuestión de horas, han visto cómo el esfuerzo de décadas literalmente se ha derrumbado.

    No es la primera vez que las lluvias de la temporada provocan deslizamientos en la zona de El Reparto y sus alrededores, con las consecuentes pérdidas materiales y la lógica afectación psicológica de los habitantes que han dejado con lágrimas sus propiedades en ruinas y han debido trasladarse a casas de familiares y amigos o a alguno de los refugios que ha establecido la Alcaldía del Distrito Central. La topografía de la capital, y las fallas geológicas que la recorren en distintas direcciones, hacen ver la necesidad de una mejor planificación urbana y el establecimiento de medidas que eviten que estas tragedias, cíclicas por cierto, no se repitan o se minimicen. Históricamente, la ciudad se ha ido asentando sobre los cerros que circundan la breve planicie cuyos límites marcan cuatro iglesias construidas durante la época colonial.

    Así, pobladores, tanto con recursos económicos como desposeídos, muchos inmigrantes del campo a la ciudad, han construido sus viviendas en las faldas de El Picacho o de El Berrinche, además de las colinas en las que hoy se levantan lujosas torres de viviendas que parecen desafiar la gravedad.

    Muchos de los barrios y colonias populares han nacido improvisadamente. Un grupo de pobladores se han apropiado de tierras edilicias o propiedad de particulares, han levantado viviendas provisionales, y, luego, han trazado calles, se han conectado a los servicios públicos, a veces de manera clandestina, y han terminado por construir casas de bloque o ladrillo, sin que se hayan hechos estudios del terreno, ni dirección de las aguas lluvias, ni investigado si su inversión está exenta de riesgos debido a los fenómenos naturales típicos de las áreas tropicales.

    En Tegucigalpa han confluido fallas geológicas con fallas humanas. Las primeras son producto de la naturaleza, pero las segundas son muestra de un panorama social complejo en el que se han movido vendedores inescrupulosos de “solares”, agitadores de oficio o la misma necesidad de contar con un techo para sentirse protegido.

    La tarea que tiene ahora la Alcaldía capitalina es grande. Por un lado, la urgencia de atender las necesidades inmediatas de los damnificados de los derrumbes y, por el otro, la búsqueda de soluciones a mediano y largo plazo con visión de futuro.