19/02/2024
06:44 AM

Conmemorar

    Septiembre se convierte cada año en el mes de celebraciones, mejor de conmemoraciones, recuerdo colectivo porque celebrar está ligado al éxito, al logro de objetivos y metas propuestas que, en nuestro caso, se hallan aún en un horizonte lejano. Sin embargo, es motivo para hacer presente, aunque sea en el recuerdo, acontecimientos como la jornada histórica de la proclamación de independencia, del día dedicado a los niños y de la fecha en que se debe rendir agradecimiento a quienes hacen de la escuela una familia, aunque el hogar no sea escuela.

    Las celebraciones oficiales iniciadas el primer día del mes no dejaron de sorprender, pero la Bandera Nacional fue izada con solemnidad, con la convicción de que más allá de las amarguras y frustraciones cotidianas sus colores seguirán iluminando el terreno patrio y fortaleciendo el respeto hacia lo que ella es y significa para todos los hondureños. Estamos en vísperas de renacer en los adultos la niñez dormida y en los pequeños las ilusiones de esos primeros años en que van generando su incorporación desde la familia a la sociedad. Esos niños a los que se agasajará, pero sin olvidar a esos pequeños o jóvenes víctimas de la violencia incluso en el ámbito familiar. “Las principales víctimas en los últimos años han sido los niños, niñas, adolescentes y jóvenes”, señala la Red de Instituciones por los Derechos de la Niñez.

    Conmemoremos el día dedicado a festejos para los niños, pero mirando hacia adentro y con sinceridad recordemos las sabias palabras: “Los niños cuando nos miran qué ven. Nuestros ojos son espejos para mirar a través”. O aquel señalamiento del papa Francisco: “Una sociedad que abandona a los niños y que margina a los ancianos corta sus raíces y oscurece su futuro”.

    Los profesionales de la enseñanza reciben el presente sobre el que van esculpiendo la ruta de un futuro como complemento inseparable de la labor en la familia. Si falla esta, el mentor completará programas, será fiel al calendario educativo, pero en niños y jóvenes se reflejará el vacío por la irresponsabilidad en casa, que es la primera escuela.

    Las condiciones pedagógicas han cambiado radicalmente con la tecnología, con la integración “a tiempo completo” en las redes sociales, con la omnipresencia sin distancia que proporciona la red. También en el aula se resiente en la relación maestro-alumno, por lo que el primero ha debido hacer el “milagro” en su profesión para que la confianza, el respeto y la autoridad sigan siendo base de la enseñanza que debe prevalecer; además, el entendimiento, el diálogo y la confianza para que la escuela sea familia, porque la familia no fue escuela.