La dirección que ha tomado el caso Pandora permite otear en el horizonte el final que, a juzgar por la segunda decisión, la primera fue de expectativa alentadora, casi todo quedará en nada y el desvío de los 282 millones de lempiras nadie lo “desvió” y nadie lo compañó, total que esta primera acusación masiva quedará más en hojas que en tamal, pues la bulla en la cocina es claro indicio de lo que se está guisando, aunque desde el ámbito judicial recuerden los recursos que pueden utilizar quienes presentaron la causa, de la que, en el primer momento, se admitieron todas las pruebas.
Las esperanzas de una ofensiva fuerte, determinante y ejemplar contra la corrupción ha sufrido un varapalo, pero ello no debe ser motivo para el desaliento, al contrario, habrá que ajustar más las herramientas que proporciona el derecho para dar en el clavo, de manera que haya un principio que se consagre con un final en el que la justicia responda a los hechos y al clamor de hondureños, víctimas de esos desvíos, usurpación y malversación de los recursos del Estado.
En esta misma columna escribimos recientemente que el cambio, por las buenas o por las malas, tiene que llegar, pues hace tiempo se llenó el vaso y en total impunidad desarrollaron las labores del Estado como si fuese hacienda particular. El presupuesto de la república hubo una administración que gobernó sin él, fue manoseado durante décadas, pues el rendimiento de cuentas no estaba en la agenda de los funcionarios ni el Poder Legislativo, con mayoría del mismo partido gobernante, exigía liquidar minuciosamente las cuentas antes de aprobar las del siguiente año, de manera que los funcionarios al más alto nivel salían con el finiquito y todas las bendiciones.
Si no es por convicción, por principios éticos o morales, que el miedo real a una pena firme por actividades delictivas que conduzcan a la cárcel sea represor efectivo, aunque siempre habrá quien se la juegue, pero entonces puede aplicar, sin necesidad de palabras, aquello de que el que la hace la paga. Alguno escapará, pero será la excepción que confirme la regla, que no es otra que la aplicación de la justicia. Hasta ahora sigue siendo al revés, la excepción ha evidenciado por décadas la impunidad.El Ministerio Público debe afinar bien la puntería, pues el Pandora 2 o el enésimo deben estar fortalecidos con la experiencia del primero y el respaldo de la población para que los operadores de justicia, en el campo, en las audiencias y en las sentencias, eliminen la impunidad y hagan prevalecer la justicia en todos los niveles.