28/06/2022
01:04 AM

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Ambientes idóneos para el aprendizaje

    Hace algunos años, un secretario de Estado en los Despachos de Educación, ante la observación que le hicieron varios comunicadores sociales sobre el hecho de que, en los centros gubernamentales, hubiera estudiantes recibiendo clase sentados sobre el duro suelo, comentó que también en Finlandia los niños se sentaban en el piso para recibir clases. Y habló de Finlandia porque, en los últimos años, ese país ha ocupado el primero, o uno de los primeros puestos, en cuanto a calidad educativa.

    Aquellas declaraciones provocaron mucho ruido porque, mientras en ese país europeo se recurre ocasionalmente a sentarse en el suelo en ciertos espacios de aprendizaje, porque les resulta más cómodo o porque así se facilita la realización de alguna actividad; en el caso de Honduras, es distinto porque aquí los niños se ven obligados a hacer lo mismo porque no hay pupitres en las aulas o estos están en pésimo estado. Todo lo anterior puede servirnos como introducción para reflexionar sobre un axioma pedagógico que señala que en un centro educativo “todo educa”. Educan el orden y la limpieza; educa la manera cómo va vestido el profesor; educa la puntualidad con que se desarrollan cada una de las actividades; educa, por supuesto, la manera cómo los docentes tratan a los educandos. De ahí que haya ambientes que resultan idóneos para el aprendizaje y otros que no. De modo que el abordaje que debe hacerse para realmente “refundar” el sistema educativo nacional, tiene varias rutas de acceso. Por un lado, y tal vez el más crítico, la formación científica, pedagógica y humana de los profesores y profesoras; porque si eso falta es imposible que se brinde educación de calidad. Por otro lado, la dotación del material de enseñanza-aprendizaje o didáctico, que debe tener un fuerte componente tecnológico o resultaría anacrónico, tanto para los docentes como para los alumnos. Y, sin duda, la construcción, reconstrucción o mejora de las instalaciones escolares, de modo que sean dignas, funcionales y formativas. La deuda en este último tema se arrastra desde hace muchos años y, por lo mismo, es enorme, apabullante. Por lo mismo, deben conjuntarse esfuerzos de todos los sectores: gobierno, empresa privada, oenegés y cooperación internacional. El aprendizaje humano exige un ambiente idóneo para que pueda realizarse en condiciones adecuadas, por no decir óptimas. Muchas construcciones escolares resintieron el relativo abandono sufrido a causa de la pandemia, y, en algunos casos, resultaron dañadas por los fenómenos naturales. De modo que hay que poner manos a la obra para que nuestros niños reciban el pan del saber en un clima que potencie sus capacidades y en el que dé gusto estar y aprender.