Alianza

No se ha producido la expresión clásica tradicional, “Roma locuta, causa finita” que en términos nuestros, traducimos en declaración oficial para resaltar la autoridad, legalidad y el punto final. Ahí está el Consejo Nacional Electoral elaborando en tiempo y forma el fin de las primarias, pero ya entreabren puerta hacia el último domingo de noviembre con una alianza, cuyo nacimiento queda en fotografías y declaraciones, pero el marco político es aún muy incierto y, desde luego, se produce más en el ámbito del lenguaje que en la realidad. Ahora se han centrado sus participantes en la denuncia de las irregularidades en actas con más votos que votantes, sin firmas… Todo ello irá saliendo antes del fin del término legal y han prometido un “saneamiento” que en el nivel presidencial no cambiará los resultados conocidos.

En diputados pocas sorpresas y en planillas municipales algún desplazamiento, pero escasamente significativo. Así están las cosas a las puertas de la semana veraniega que ojalá proporcione claridad en el horizonte y los integrantes de la naciente alianza política asuman con responsabilidad que el adecentamiento y las correcciones en el escrutinio no derive, que será los más probable, en pugna por el poder y para ir buscando y ocupar una buena ubicación al momento del “pistoletazo” de salida. No hay que darle muchas vueltas ni esperar milagros.

Los políticos se quedan en el discurso y en las pantanosas aguas de ideologías, pero la realidad sigue ahí con angustiosos reclamos, pues aumenta el desempleo, el sistema sanitario “está tocado”, la violencia, no a la vuelta de la esquina sino en cada calle y en casa, la corrupción, la mayor y la poquitera en la agenda diaria, todo ello confluye en un mayor índice de pobreza.

Esta visión quedará entre bastidores durante los próximos meses con palabras, discursos y programas que llenan la agenda de los candidatos en la campaña, pero la realidad que afecta de lleno y diariamente a las familias hondureñas se mantiene inalterable, alimentando la desconfianza y desafección de los ciudadanos. La alianza no de perdedores en alusión al calificativo empleado por el precandidato liberal a la cabeza, sino de honestos es, sin duda, expresión que corresponde dar a la población a la que la experiencia enseña que falta mucho, muchísimo para que la honestidad proyecte la transparencia personal y de Gobierno, ausente, sin embargo, en la gestión diaria de funcionarios, empleados públicos y cúpulas de partidos.

Poco falta para que volvamos a escuchar progreso y bienestar para todos los hondureños a quienes, por fin, les llegará “calidad de vida”, palabras vacías y carentes de significado.