Personal sanitario

Responsabilidad y dos dedos de frente, terminábamos el editorial del miércoles. En el de hoy debemos añadir una segunda parte, y por ello el “... y más…” es necesario para que las voces de angustia del personal sanitario hallen respuesta efectiva en quienes desde la burocracia den respuestas eficaces y universales al mayor desafío de país en el que estamos inmersos desde hace casi un año.

El año nuevo recién comenzado se va deslizando trágicamente, cada vez con mayor angustia y tensión, pese a la voluntad de trabajo, a la cooperación y a los buenísimos deseos que en todo comienzo del ciclo anual nos deseamos, pero 2021 seguirá siendo una bebida amarga a consumir lentamente, no como aconseja la sabiduría popular, “al mal trago darle prisa”.

Estamos escuchando reiteradamente al personal sanitario que nos hallamos en los peores momentos de la pandemia. Sin echar manos de cifras y porcentajes, ilustrativos, pero sin sentimientos, queremos reflejar el cansancio, la frustración y los heridos sentimientos humanos de cada uno de los empleados de hospitales ante el dolor, la desesperación y la pérdida de vidas humanas.

El más reciente clamor de angustia ha recibido la respuesta tradicional en la burocracia: no se oye, padre; en el ámbito de la política sectaria, hoy embrocada totalmente en el proselitismo, y en el manejo de los recursos, cuyos responsables no dan cabida completa, siguen más en el cuidado de la imagen y enfocar el interés de los hondureños en el remedio a nuestros males, que no llegará durante años a paliativo. Como aquel que proclamó disponer de gotas milagrosas.

El Gobierno debe mejorar la atención y multiplicar el recurso humano, muy agotado ya, de Salud, pues si al colapso de la salud pública y atención en el sector privado sumamos escasez y agotamiento del personal tendremos la fórmula perfecta para perecer. Llama la atención que municipalidades han anunciado el agotamiento de sus recursos para sostener centros de triaje, de manera que disminuirán la atención médica.

Aquello de héroes no sirvió de escudo a más de sesenta doctores y decenas de enfermeras que han muerto. Lo de primera línea tampoco fortalece su protección ni el cuidado de sus familias. No pueden decir lo mismo aquellos funcionarios o personas con cargos de elección popular, que se hallan bien resguardados, protegidos y hasta soñando con primeros puestos cuando llegue la inyección inmunizadora. A los dos dedos de frente, la responsabilidad compartida y la atención prioritaria del personal sanitario habrá que sumar la exigencia real, no de boca, del rendimiento de cuentas, al centavo, pues aquello de bulla y cabuya no entienden muy bien quienes disponen de lo que no es suyo.