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Una adecuada red de carreteras

  • 11 julio 2023 /

Refundar el país, lo he dicho, implica necesariamente dotar a Honduras de una infraestructura que nos permita instalar un complejo industrial, impulsar la producción forestal y agrícola y dinamizar el intercambio comercial interno e internacional. Uno de los componentes de esa infraestructura es la red de comunicaciones: carreteras, puertos, ferrocarriles, aeropuertos, que deben estar a la altura de las necesidades nacionales de superar la pobreza y la miseria.

Mi madre me contaba que en 1946, cuando ella trabajaba como maestra en Camasca, si pasaban la frontera hacia El Salvador comenzaban las carreteras pavimentadas y que los pueblos pequeños fronterizos también estaban pavimentados. Los gobiernos hondureños anteriores muy pocos se preocuparon por proveer a Honduras de una adecuada red de carreteras y caminos, porque los pocos que tenemos están convertidos en una piltrafa y, según el decir del pueblo, más parecen paisajes lunares que carreteras. La carretera hacia La Esperanza está totalmente destrozada y ofrece grandes peligros transitar por ella. No olvido un estribillo que repetía Moisés de Jesús Ulloa Duarte por la radio: “Pavimentemos la carretera del norte, las generaciones futuras nos lo agradecerán”, porque, si no me equivoco, esa carretera fue pavimentada a principios de los 70. Las primeras veces que vine a Tegucigalpa para ingresar en la Universidad viajé en carretera de tierra, en la empresa Cooperativa San Cristóbal; el viaje duraba todo el día y se llegaba a la capital totalmente lleno de polvo y maltratado por la brincadera del bus. Ahora, está en un estado aceptable, pero el contrato con COVI no es justo para Honduras porque fue firmado con malicia de corrupción por la dictadura.

Lo que veo en algunos funcionarios que están a cargo de los asuntos de las carreteras es que no piensan con sentido de futuro y andan impulsando la pavimentación de las carreteras que actualmente están en mal estado, carreteras que son obsoletas por el aumento del tránsito y porque son utilizadas también por el transporte pesado que las daña mucho. Porque también hay una razón para mejorarlas y ampliarlas: los múltiples accidentes que producen una cifra asombrosa de fallecidos y heridos, con la consecuente pérdida económica por el destrozo de los automóviles, cuyas refacciones también deben ser importadas. Camasca, por ejemplo, el pueblo en donde nací, tiene carretera pavimentada hace quizá una década. Ya no sirve. Antes había que viajar durante dos días a lomo de mula. Por esas circunstancias el comercio, la educación y los problemas de salud se atendían en El Salvador, y la moneda que circulaba era el colón, actualmente es el dólar.

Construir una red vial que nos sea útil por muchos años no es fácil, sobre todo por los costos enormes que implica esa tarea. Pero es posible. Cómo el presupuesto no alcanza para tal fin mi idea es que la presidente reúna a los pueblos y les plantee la necesidad de hacer nuevas autopistas de cuatro carriles, pero si el gobierno no puede financiarlas deben darse en arrendamiento a empresas extranjeras que las construyan y que recauden, con un peaje adecuado, lo que han invertido. Para eso debe hacer consultas con los pueblos para ver si quieren una buena carretera o prefieren seguir con las que tienen, totalmente destruidas. Personalmente creo que estas autopistas de cuatro carriles deben ser: de San Pedro Sula a las dos fronteras con el Salvador y Guatemala en Ocotepeque, de El Progreso hasta Trujillo, de Siguatepeque a Santa Rosa de Copán pasando por La Esperanza, de Tegucigalpa hasta la frontera de Las Manos, de Tegucigalpa a Trujillo pasando por Juticalpa, de Tegucigalpa a Choluteca, de El Amatillo a Guasaule.

Liberado el gobierno de la obligación pecuniaria de hacer estas autopistas, debe dedicar el presupuesto nacional a la construcción y mejoramiento de las carreteras que conducen a las cabeceras municipales y los centros importantes de producción. Me parece inaceptable que muchas cabeceras municipales no cuenten con carretera pavimentada. Eso atrasa su desarrollo y su progreso. Hagamos ahora lo que El Salvador hizo hace más de medio siglo.

He visto que hay un proyecto de construir un ferrocarril interoceánico. Lo celebro. Eso fue previsto, como una infraestructura esencial para Honduras, por nuestros primeros mandatarios. Incluso, se inició un proyecto que apenas llegó de Puerto Cortés a Potrerillos como consecuencia del latrocinio a que se ha sometido a las arcas nacionales. Hoy, ese tramo está abandonado. Se hace necesario también tener un puerto de gran envergadura en el Pacífico. Amapala parece ser la opción mejor.

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