11/04/2024
03:58 PM

Un amor que lo vence todo

Jibsam Melgares

Mi amigo Lynn Spence, piloto retirado, es un viajero que atesora un vasto repertorio de historias fascinantes, entre las cuales destaca una que compartiré a continuación.

En cierta ocasión, se vio obligado a pasar la noche en el remoto pueblo de Tok, en Alaska, durante un gélido enero donde la temperatura rondaba los 50 grados bajo cero. Aunque no había planeado detenerse allí, a veces, las circunstancias no respetan los planes, especialmente cuando se está a -50 grados.

La necesidad de reparaciones en su avión lo condujo a la única opción disponible: un establecimiento que combinaba una estación de servicio con un restaurante de comida mexicana. Resultaba curioso encontrar un restaurante mexicano en medio de la nada de Alaska, y sin duda, detrás de esa singularidad se escondía una historia interesante.

El propietario, un lugareño, había conocido y enamorado a una joven mexicana en cierto momento de su vida. Tras casarse, se trasladaron juntos a Tok.

Lynn, intrigado, preguntó a la mujer cómo había sido adaptarse a un clima tan extremo, especialmente para una persona que ha vivido en climas templados o cálidos. Su respuesta inesperada quedó grabada profundamente en la mente de mi amigo: “Estaba tan enamorada que apenas me di cuenta del frío”. Para Lynn, ese relato ejemplificaba el amor verdadero, más allá de un mero enamoramiento adolescente, el tipo de amor que es capaz de vencer cualquier obstáculo.

De hecho, como bien señala Lynn, el amor de esa mujer ofrece una poderosa analogía con el sacrificio de Jesús en la cruz.

Al hacerse hombre, Jesús comprendía que su misión implicaba sacrificar su vida para redimir nuestros pecados, otorgándonos así la oportunidad de restaurar nuestra relación con Dios y de alcanzar una vida plena y eterna.

Jesús estaba enteramente consciente del precio de su encarnación, pero su amor por nosotros lo llevó a aceptarlo sin reservas. Si se le hubiera preguntado por qué asumía tal sacrificio, seguramente habría respondido: “Lo hago por amor, y después de eso, nada más importa”.