Corro el riesgo de equivocarme, pero lo pienso una y otra vez y sigo creyendo que, en cualquier etapa de mi vida en la que ya hubiere dispuesto de una cierta conciencia moral establecida, mi respuesta habría sido siempre la misma. Si en esos distintos momentos me hubieren preguntado si los seres humanos en general tenemos el “deber” (obligación, no caridad) de asistir a los más necesitados, especial y concretamente a quienes se mueren de hambre, creo que no hubiera dudado en responder que sí. Pero, si entonces (en esos momentos) me hubieren preguntado en qué fundamentaba ese “deber”, mi respuesta seguramente no habría ido más allá de un conmovido sentimiento de humanidad, y, si me hubieren preguntado de qué maneras se hace efectivo ese “deber”, mi respuesta seguramente habría estado sujeta a límites.
¿Por qué habría de existir el “deber” de aliviar el sufrimiento de quienes se encuentran en pobreza extrema? ¿Por qué los seres humanos en general habríamos de tener ese “deber” entre unos y otros? ¿Por qué habríamos de tener ese “deber” ante personas contra quienes nada hemos hecho, ante personas completamente lejanas y desconocidas? ¿Se trataría de un “deber” moral, de un ¨deber¨ político, o de un ¨deber¨ de algún otro tipo? ¿No debería tratarse de un “deber” al que solamente estuvieran obligados quienes disponen de fortuna, o del que solamente debieran responder quienes hubieren causado (o contribuido a) la miseria de los otros? ¿Cómo habría de asumirse (o plantearse) ese “deber” en esta actual y voraz sociedad global? ¿No podría hablarse también de “deberes” institucionales, e incluso del “deber” de los países ricos de ayudar a los países pobres?
La profesora española Marisa Iglesias, reflexionando sobre la denominada “justicia global” y refiriéndose específicamente a las concepciones habituales de justicia social y a sus modos de justificar deberes positivos, distingue “tres líneas de argumentación diferentes que pretenden dar sentido a las demandas de justicia global dentro del liberalismo ético: la responsabilidad causal, la igualdad de recursos y la prioridad por las necesidades urgentes”.
Conforme a la primera, dado que el orden global existente causa daño a seres humanos, quienes se benefician de dicho orden son causalmente responsables (por acción o por omisión) del daño producido y, en consecuencia, tienen el “deber” de reparar el daño causado y de poner en marcha todas las acciones necesarias para que el daño no vuelva a producirse.
Conforme a la segunda, dado que la pobreza extrema está causada por una injusta distribución de recursos (unos tienen lo que necesitan e incluso más de lo que necesitan, otros carecen de lo que necesitan), existe el “deber” de aplicar una “justicia distributiva”.
Conforme a la tercera y a los “prioritaristas”, “hay un estándar de justicia que exige otorgar una prioridad moral a aquellos que están peor, no en el sentido comparativo, sino en tanto no tienen cubiertas las necesidades más mínimas”.
Sigo pensando que tenemos el “deber” de actuar para reducir o eliminar las situaciones de extrema pobreza. ¿Qué piensa usted? (HOY).