Hay un decir de que los niños son el futuro, pero en Honduras pareciera estar mal conjugado ese tiempo y tergiversada esa expresión. Pues son una población vulnerable de la violencia, asesinatos, violaciones y malos tratos en los 365 días del año. Hoy 10 de septiembre se celebra el Día del Niño en el país, y sería necesario un minuto de silencio y reflexión en las diferentes actividades que se realicen en memoria de un promedio de 100 niños que han sido asesinados en estos meses del año 2022.

Casos extremos, menores de tres años entre los homicidios, violaciones y malos tratos físicos y psicológicos a niñas y niños. Entre los hechores, los mismos padres. Las muertes de estos menores se han convertido en parte de la escena del crimen, hipótesis policiales, nota roja de los medios de comunicación, sumando las estadísticas de los entes encargados de archivar estos expedientes de inocentes, muchos impunes. Llegando de casos penosos, vergonzosos y condenables, ya que en algunos centros de rehabilitación estos menores han sido víctimas de abusos sexuales y psicológicos, como lo describe el reportaje de investigación realizado esta semana por el diario La Prensa.

Muchos de estos menores son víctimas de las maras y pandillas, que reclutan a esta población y al no querer formar parte de ellas o retirarse de estas bandas delincuenciales realizan esa grotesca y criminal acción en contra de esos menores de edad, que se encuentran desprotegidos hasta de sus padres. Esta inseguridad e irresponsabilidad son causas del éxodo de niños hondureños en busca del “sueño americano”, que huyen de la “pesadilla catracha” de un país que los miró nacer, morir o partir.

Porque dejaron de ser el futuro y solo los recuerden cada 10 de septiembre en un país llamado Honduras.