11/08/2026
10:28 AM

Migración de menores

La migración a Estados Unidos y en especial la ilegal, sigue siendo uno de esos problemas que lentamente y permanente van haciendo mella en la región centroamericana. Millones de centroamericanos jóvenes cruzaron y llegaron a su destino migratorio; millones son los que seguirán emprendido el camino, dejando atrás familias incompletas y comunidades de rodillas. Son manos laboriosas que harán falta en el país para muchas actividades en la economía y en la familia. Las motivaciones del viaje hacia el norte van cambiando. Tiempos atrás el viaje fue para muchos centroamericanos alejarse de la añorada patria en la búsqueda del sueño americano. Ahora es más bien una forma de huir, de salvarse de la inseguridad y de la pobreza a cambio de cualquier cosa sabiendo de los peligros que acechan y de la incertidumbre de llegar al final. Agregado a lo anterior, se suma el viaje ilegal de miles de menores en busca de una reunificación familiar. Se estiman que serán 60 mil menores de Centro América que sin el acompañamiento de un familiar intentarán cruzar la frontera hacia EUA. Pero además de la migración tenemos el problema de los retornados. Cálculos conservadores de las instituciones encargadas hablan de alrededor de 30 mil deportados anualmente. Se trata de una suma de miles de historias personales de frustración y sufrimiento ante un retorno no deseados y en algunos casos violentos. Para cualquiera que conozca casos concretos, se dará cuenta de la dimensión humana de esto que obliga al país a trabajar rápidamente en programas de reinserción laboral y familiar. El gobierno norteamericano considera la situación actual como una tragedia humanitaria que merece una respuesta inmediata advirtiendo sobre la imposibilidad de una reunificación familiar. Sin embargo, ya hay voces que exigen colocar el interés humanitario sobre cualquier consideración. Es interesante que el vicepresidente Joe Biden considera que la pobreza, la inseguridad ciudadana son algunos problemas de fondo que es necesario atacar desde el país de origen. Precisamente es el tipo de análisis que desde Centro América se ha venido exigiendo en el narcotráfico. Pero allí lastimosamente la voz oficial norteamericana ignora el análisis profundo que llamaría a atacar el elevado consumo de estupefacientes en su país, prefiriendo exigir a los gobiernos de la región continuar en una lucha onerosa, ineficiente y desigual contra los carteles de la droga. Pero así son las cosas: cuando el análisis serio conduce a conclusiones duras quizá sea mejor insistir en soluciones que descargan el gran peso y la responsabilidad sobre otros.

Desde aquí nos declaramos por soluciones coordinadas entre todos los países centroamericanos. Un esfuerzo mancomunado y desinteresado por invertir más en los sectores más vulnerables y más necesitados es seguramente la base de cualquier solución duradera. Pero mientras los políticos y los sectores económicamente fuertes siguen en esa actitud mezquina de solamente ver por sus propios intereses gobernando a su antojo y embrutecidos por el poder, esa historia particular del joven que huye de su país, se multiplicará por mil, año con año en esta empobrecida región.