04/04/2025
02:48 AM

Más de 50 años de correr a diario

Renán Martínez

El médico jubilado Rogelio García Maradiaga, a sus 81 años, no deja de correr todos los días pues ha comprobado que el ejercicio, en alguna medida, puede alargar el calendario de la vida. No ha parado desde que comenzó a hacerlo mientras estudiaba la especialidad de gastroenterología en Madrid, España, por aquellos tiempos en que comenzaba a ponerse de moda el trotar por calles y bulevares.

Su estatura de 1.65 metros no fue obstáculo para que Rogelio alcanzara otras metas que también se propuso en la vida: ser músico en sus años de estudiante como integrante del conjunto Los Rangers en el Instituto Central de Tegucigalpa, y miembro activo del Cuerpo de Bomberos en su mocedad. Le gustaban los deportes. Solamente la cesta no pudo alcanzar en su estudiantado porque se lo impedían sus compañeros grandulones, por eso se retiró del basquetbol. El joven músico tuvo que dejar, con dolor, la batería de Los Rangers luego de entrar a la Universidad Nacional Autónoma de Honduras porque los estudios no le permitían divagar en otras actividades.

Su deseo había sido estudiar Ingeniería, ya que era bueno con los números, pero un primo de su papá lo convenció para que mejor matriculara Medicina. Fue gracias a esta carrera que conoció a la enfermera Tessa Hidalgo con quien tiene más de 50 años de saludable vida matrimonial. Es el mismo tiempo que lleva corriendo, más por mantenerse en buenas condiciones que para competir por una medalla, aunque ha ganado algunas. Por muchos años estuvo participando en las maratones de La Prensa y otras competencias en las que logró alzarse con valiosas preseas. Sin embargo, cuando cumplió los 60 años decidió dejar de competir, pero seguir corriendo sin un tiempo ni kilometraje que cumplir, sino trotar suelto sin presión de ninguna clase. Solamente cuando llueve no sale a correr sus diez kilómetros diarios por las calles de su colonia en San Pedro Sula. Ese día se siente como león enjaulado.

Gracias a esa adicción positiva al ejercicio, a su cuarta edad no padece de enfermedades severas, ni toma pastillas de ninguna clase, pues ha fortalecido su sistema inmunológico con el constante ejercicio. Eso también ayudó a que su organismo rechazara fácilmente el virus que lo atacó en el fragor de la pandemia. De no ser porque perdió el paladar, no se hubiera dado cuenta que tenía covid. En definitiva, aparte de prevenir enfermedades, el ejercicio es una válvula de escape a las tensiones de la vida diaria.