Hay varios factores que forzaron la salida del poder del Partido Nacional, errores estructurales que marcaron estos 12 años de gobierno conservador como el estado de derecho que se vio fracturado, con un Poder Judicial sometido y un autoritarismo que se fue acrecentando a medida que se disfrutaba del voto de gran parte de la población; empero, hay dos factores que no se midieron y que hicieron que esta jornada electoral además de ejemplar, democrática y pacífica, también marcara un cambio que le asestó el golpe final al bipartidismo.

Esos dos factores son el hartazgo con un modelo de gobierno caudillista y el poder electivo que no fue debidamente analizado y estudiado, que representan los jóvenes electores en Honduras. Es que no es fácil comprender esta nueva generación de ciudadanos que se integra al poder de decisión en nuestro país, porque no representa solamente una generación nueva que se integra al mosaico político del país, sino que se trata de una nueva generación que ha sido marcada por grandes cambios que ha sufrido toda la humanidad como es la última de las revoluciones que como humanidad hemos experimentado que es la tecnológica. Además de que el factor de los jóvenes como nuevos electores no fue ni estudiado, ni analizado, todos sabemos que es uno de los segmentos más descuidado por los gobiernos. Ellos resienten la desesperanza que se ha apoderado de la mayoría de los hondureños y son ellos quienes empujan hacia arriba las estadísticas más dolorosas que tenemos como es la inmigración hacia Estados Unidos.

Esta generación de jóvenes que se integra al poder de los ciudadanos en materia electoral, son personas que tienen un divorcio definitivo con la identificación bipartidista que han tenido las viejas generaciones , son jóvenes que no viven solamente viendo la realidad del país, sino que a través de la tecnología son capaces de ver el mundo con todas sus bondades y males que esto trae consigo.

Si hay un segmento más sensitivo hacia las realidades que enfrenta nuestro país y que equivocadamente creíamos que no eran conscientes de esa realidad, son los jóvenes que experimentan el desempleo o la frustración de salarios bajísimos cuando egresan de la universidad.

Ellos, durante la pandemia, vieron la realidad de un país enfermo de muerte y que no tiene donde curarse. Han aprendido sobre el valor del dinero y a través de la tecnología ya no se les puede esconder la corrupción que mina el desarrollo y les roba la esperanza. Estos jóvenes han hablado y han superado barreras ideológicas y sociales que muchos todavía no superamos.

No es fácil en lo más mínimo el mandato que tomará en sus manos el nuevo gobierno y esa confianza que los hondureños han depositado en sus manos, entre ellos, la de miles de jóvenes que ahora serán determinantes en la construcción de un nuevo Estado.