Los amigos son el antídoto contra las pesadillas que corroen cada día. “Es solidaridad en circulación permanente, generosidad, explica Raquel Goldstein, médico psicoanalítica. Permite sostener el deseo de vivir, el gusto por la vida, sus placeres e ilusiones, los ideales y, sobre todo, tolerar la incertidumbre”. La lealtad es la característica por excelencia de una verdadera amistad. El interés y la alegría por los logros del otro se suman a los sentimientos indispensables para poder llamar amigo a una persona. Y la vida es el lugar donde se cruzan esos seres que con el tiempo brindarán afecto sin condiciones. Están los amigos del colegio, los del club, los de la universidad, los del trabajo, cada uno con su característica propia. Todos y cada uno de ellos tienen valores que apreciamos y con los que nos identificamos, aunque no siempre estén disponibles para ese postergado café.
“Por cuestiones de trabajo, estudios u otras preocupaciones, los amigos no se reúnen todo lo que quisieran, pero cada uno tiene presente al otro, aunque sea a través del silencio”, justifica Delgado. El ritmo de vida moderna no siempre deja espacio para la reunión con los afectos.
William Shakeaspare dio un consejo de oro. “Los amigos que tienes y cuya amistad ya has puesto a prueba, engánchalos a tu alma con ganchos de acero”.