Yo creo que nunca nadie se siente viejo. Por lo menos, yo no me siento vieja, me siento igual que siempre y no siento nada diferente por dentro. Disfruto la vida a plenitud, tengo muchas ilusiones y proyectos, me hace falta tiempo para hacer todavía cosas que quiero alcanzar y cada mañana me despierto con una mirada sobre el horizonte para ver qué puedo realizar y llenar eficazmente en ese día.

El problema es que le tememos a la vejez. Nos asusta la idea de sentirnos imposibilitados en nuestras actividades y nos aterra terminar siendo una carga para nuestros hijos o amigos, o en una casa para ancianos.

Una persona puede tener ochenta o noventa años, pero los años no afectan su espíritu interior, que siempre es joven. La parte importante de nosotros, nuestro ser interior, es insensible a los años: siempre es joven, eternamente vivo. Lo importante no es la cantidad de años que tenemos, es la manera como vivimos y lo que hemos hecho lo que hace la diferencia.

Si hemos vivido muchos años, muy bien, y si solo hemos vivido unos pocos, pues lo mismo, muy bien, hay que dar gracias a Dios porque hay mucho que aprender, mucho que esperar y mucho que disfrutar ahora en este momento, hoy.

El vivir muchos años trae consigo cambios, y el organismo puede empezar a fallar, pero nuestro crecimiento es desde adentro y el sentimiento interior es que somos capaces de mucho más de lo que hasta ahora hemos expresado. ¡Nuestra visión no tiene edad, nuestros sueños no tienen edad!

Es muy cierto que hay personas que envejecen mejor que otras; es decir, con mejor salud y se mantienen con una sensación de juventud, pero mucho tiene que ver nuestra actitud mental. A cualquier edad podemos encontrar alegría en el vivir, con una vitalidad eterna. Podemos ser impermeables a la idea de la vejez.

Tratemos de ganarle al tiempo, tratemos de ganarle a la pandemia, nuestro ser interior es insensible a los años, es siempre joven... LO IMPORTANTE ES VIVIR BIEN...