La honestidad no puede ponerse como una mano de barniz superficialmente, debe aplicarse desde muy temprana edad hasta la madurez adulta y como parte de un desarrollo completo e íntegro en la formación de nuestros vástagos. Es importante que nuestros hijos vean la forma honesta como actuamos en las diversas circunstancias de la vida. Ellos reconocen nuestras faltas y si no las aceptamos, no les estamos dando la pauta correcta. Por ejemplo, si usted les promete llegar a determinada hora y no cumple, si ofrece llevarlos al cine y no lo hace, si dice mentiritas blancas para adular a alguien o para justificar o evitar alguna inconveniencia, etc. etc.
Enfatice el hecho que el ser honesto ayuda a sentirnos bien, agrada a Dios, a los padres y a todos. Muéstrele a su hijo ejemplos y discuta qué haría:
a) Si encontrara un billete o una billetera en la calle, en una tienda o en un auto o si le hubieran dado más cambio por equivocación.
b) Si al no saber una respuesta en los exámenes se atrevería a copiar o no.
c) Si viera a alguien robar en el supermercado.
d) Si fuera testigo de un asalto o de un crimen.
e) Si ha estado en un lugar prohibido.
f) Si ha hecho alguna cosa deshonesta con otros.
g) Si ha robado algo de la casa o del dinero de los padres.
h) Si ha usado identificación o tarjetas de otros.
i) Si ha consumido alcohol o drogas.
La honestidad es saludable en la escuela, hogar, matrimonio, comunidad y Gobierno. La honestidad deberá marcar la conciencia sensible del niño para evitar la deshonestidad a toda costa y mejorar este mundo que lo pide a gritos. La honradez viene a significar todo el campo de la bondad moral.