La formación profesional es aquella que se cursa al término de su etapa escolar, aunque también aquellos que hayan cursado más años de escolaridad. Los cursos de formación profesional deben organizarse en función de las necesidades del mundo laboral, en coordinación con los municipios, departamentos y organizaciones civiles.
La capacitación debe durar de dos a tres años y medio, bajo la responsabilidad de las empresas como principal aportante, y que el Estado solamente participe en la validación de la formación. El aporte económico es recomendable que lo administren las empresas, pues así se podría garantizar la calidad de los egresados y el manejo limpio de los recursos económicos. El aprendizaje de la formación profesional no solo debe concentrarse en los centros de producción, sino que debe masificarse en todo el país; pero bajo la dirección de una institución calificada confiable. Las empresas proporcionarían los permisos para que el aprendiz pueda asistir a los cursos dentro del centro de trabajo de dos o tres días.
La capacitación dentro de las empresas se realizaría bajo condiciones y con maquinaria y equipamiento actualizado. Esto sería lo más pertinente, puesto que, después de muchos años que tiene de funcionar, el equipo y maquinaria del Infop son escasos y obsoletos, esto ha obligado a las empresas a realizar reciclajes en los puestos de trabajo.
Una reforma es necesaria, así estaríamos evitando que el Infop siga siendo un centro manejado por políticos, paracaidismo, administraciones sin conocimientos en el campo de la formación profesional y un sindicato que absorbe todo el presupuesto.
Actualmente, la institución está siendo manejada por instructores en su mayoría empíricos, con poca formación técnica y sin teoría científica.
El Infop fue un modelo de formación cuando estuvo bajo la asesoría de alemanes: el aprendiz recibía uniformes, alimentación gratis, equipo moderno, igual suerte le ocurrió al Centro Técnico Hondureño Alemán, hoy instituciones pobres académicamente y sin capacidad administrativa.