La sociedad en que vivimos es egoísta, el ser bueno y generoso a veces le convierte en ser un blanco para gente tóxica, mala de corazón, con malas costumbres y hábitos. Las personas generosas no solo benefician a los demás, sino que ellas mismas son recompensadas, casi siempre viven agradecidas, no les interesa acumular, saben darle valor a lo que poseen, se mantienen en equilibrio. Para los generosos, la depresión ni siquiera es una opción, ya que el procurar siempre el bien ajeno les hace sentirse útiles y las personas siempre están a su favor.
Los generosos siempre liberan serotonina y fortalecen el sistema inmunitario, se vuelven un modelo de admiración a los que le rodean, sobre todo los jóvenes; ellos dicen: cuando sea adulto quiero ser así.
Por lo general, las personas en lo común hacen favores a personas que saben que de alguna forma les van a devolver el favor recibido, pero cuando no vas a recibir nada eso es generosidad.
Los generosos llegan a ser reconocidos por su gran valor, amor, entrega, sacrifico y disciplina en su estilo de vida. La generosidad es una fuente que alimenta y nunca se agota, todos evolucionamos quizá desde la perspectiva de la escasez por los recursos limitados con los que crecimos, al menos que usted haya nacido en cuna de oro, por lo cual lo felicito; pero ser generoso da sentido de propósito en la vida, motiva a otros a salir de la mezquindad y mediocridad. Dios da una gracia especial a las personas que caminan en esta revelación; es tiempo de cambiar el concepto de vida en la sociedad. “Y él da gracia con generosidad. Como dicen las escrituras: Dios se opone a los orgullosos, pero da gracia a los humildes”: Santiago 4:6 NTV.