Echar un vistazo escrutador al pasado reciente y vislumbrar con optimismo el futuro cercano es conveniente para elevar nuestro estado de ánimo en estos días de nostálgica transición de un año a otro. Naturalmente que es difícil no derramar una lágrima al recordar, en la agonía de 2021, a los seres amados que partieron a causa de la pandemia u otras circunstancias; pero podemos reconfortarnos si reflexionamos en que la muerte es ineludible y no sabemos cuándo ni dónde habrá de sorprendernos. Pese a lo que suceda, la vida continúa y es menester que la vivamos intensamente cada día para sentir su verdadera sazón, sin que ello signifique olvidar a familiares y amigos que se fueron con el año.

De todos los acontecimientos acaecidos en este período, rescatemos los que nos causaron satisfacción y alegría para no atormentarnos por todo aquello que ya no podemos cambiar. Nuestra norma debe ser tirar al cesto de la basura los problemas que no tienen solución y enfrentar con coraje, de una vez por todas, aquellos que se pueden resolver.

Con el surgimiento de la pandemia se puso de moda el término resiliencia que se interpreta como la capacidad de una persona para sacarle provecho a la vida en medio de la adversidad, lo que en sentido figurado sería como tener la iniciativa de vender pañuelos mientras otros se dedican a llorar por la mala situación. Si esto nos pareciera difícil de cumplir, al menos valoremos la cuarentena por la oportunidad que nos dio de estar en contacto con nuestro hogar y disfrutar las cosas sencillas a las que antes no dábamos importancia, como regar las plantas, conversar con la familia o jugar con nuestro perro.

Muchos nos hicimos más sensibles al dolor ajeno y tendimos la mano a otros que fueron más castigados que nosotros por las adversidades que derivaron de la pandemia y las secuelas, latentes todavía este año, de los huracanes Eta y Iota.

En el ámbito nacional y político, el mejor regalo del año fueron las elecciones generales aleccionadoras y pacíficas del 28 de noviembre. Parodiando al extinto presidente Ramón Villeda Morales, podemos decir que no hubo vencidos ni vencedores, sino una fiesta cívica en la que prevaleció el deseo de ver salir el sol de una Nueva Honduras. Esa voluntad del pueblo expresada en las urnas en forma contundente a favor de una unión partidaria encabezada por la señora Xiomara Castro abre un panorama esperanzador para Honduras. Sin embargo, la ansiada reconciliación nacional y la erradicación de los viejos males no será tarea fácil para el nuevo Gobierno si los funcionarios no trocan sus intereses particulares por los del pueblo que les dio el poder.