Los guerreros de la luz mantienen el brillo en los ojos. Están en el mundo, forman parte de la vida de otras personas, y comenzaron su jornada sin alforja y sin sandalias. Muchas veces son cobardes. No siempre actúan correctamente.
Los guerreros de la luz sufren por cosas inútiles, tienen actitudes mezquinas y a veces se consideran incapaces de crecer. Frecuentemente se consideran indignos de cualquier bendición o milagro.
Los guerreros de la luz no siempre tienen la certeza de qué están haciendo aquí. Muchas veces pasan noches en vela, pensando que sus vidas no tienen sentido.
Por eso son guerreros de la luz. Porque se equivocan. Porque se preguntan. Porque buscan una razón – y con seguridad terminarán encontrándola.
Usando la locura a su favor
Un guerrero de la luz estudia con mucho cuidado la posición que pretende conquistar.
Por más difícil que sea su objetivo, siempre existe una manera de superar obstáculos. Él verifica los caminos alternativos, afila su espada y procura llenar su corazón de la perseverancia necesaria para enfrentar el desafío.
Pero, a medida que avanza, el guerrero se da cuenta de que existen dificultades con las que no contaba.
Si se queda esperando el momento ideal, nunca saldrá del lugar; ve que será preciso un poco de locura para dar el próximo paso.
El guerrero usa un poco de locura. Porque, en la guerra y en el amor, no es posible prever todo.
Aceptando la soledad de la lucha
El guerrero de la luz sabe que nadie es tonto, y que la vida enseña a todos, aun cuando tarde algún tiempo.
Entonces él trata a su prójimo de acuerdo con sus cualidades, y procura mostrar a todos de cuanto es capaz cada uno.
Algunos compañeros comentan: “existen personas ingratas”.
El guerrero no se deja impresionar por esto. Y continúa estimulando a los otros, porque es una manera de estimularse a sí mismo.
Utilizando la energía
El guerrero de la luz sabe que es imposible vivir en un estado de completa relajación.
Aprendió con el arquero que para disparar su saeta a distancia es preciso mantener el arco bien estirado. Aprendió con las estrellas que solo la explosión interior permite su brillo. El guerrero observa que el caballo, en el momento de vencer un obstáculo, contrae todos sus músculos.
Pero él jamás confunde tensión con nerviosismo.
Usar los dos bolsillos
Un discípulo comentó con el rabino Bounam de Pssiskhe: El mundo material parece sofocar el mundo espiritual. Tu pantalón tiene dos bolsillos – dijo Bounam. –Escribe en el derecho: el mundo fue creado solo para mí. En el izquierdo, escribe: yo no soy nada más que polvo y cenizas.
Divide bien tu dinero entre estos dos lugares.
Cuando veas la miseria y la injusticia, recuerda que el mundo existe solamente para que puedas manifestar tu bondad, y usa el dinero del bolsillo derecho.
Cuando estés tentado de adquirir cosas que no te hacen la menor falta, recuerda lo que está escrito en el bolsillo izquierdo, y piensa varias veces antes de gastarlo. De esta forma, el mundo material nunca sofocará el mundo espiritual.
Cuándo dar y cuándo recibir
Nasrudin paseaba por el mercado cuando un hombre se le acercó.
Sé que eres un gran maestro sufi, dijo. Esta mañana, mi hijo me pidió dinero para comprar una vaca: ¿debo ayudarlo?
Esta no es una situación de emergencia. Entonces, aguarda una semana antes de atender el pedido de tu hijo.
Pero yo estoy en condiciones de ayudarlo ahora, ¿qué diferencia habrá con hacerle esperar una semana?
Una diferencia muy grande –respondió Nasrudin.
–Mi experiencia me enseña que las personas solo dan valor a algo cuando tienen la oportunidad de dudar si conseguirán o no lo que desean.
Parece muy obvio
Preguntaron al rabino Ben Zoma:
- ¿Quién es sabio?
- Aquel que encuentra siempre algo que aprender de los otros –dijo el rabino.
- ¿Quién es fuerte?
- El hombre que es capaz de dominarse a sí mismo.
- ¿Quién es rico?
- El que conoce el tesoro que tiene: sus días y sus horas de vida, que pueden modificar todo lo que sucede a su alrededor.
- ¿Quién merece respeto?
- Quien se respeta a sí mismo y a su prójimo.
- Todo esto son cosas obvias – comentó uno de los presentes.
- Por eso son tan difíciles de ser observadas – concluyó el rabino.
Entre la fe y la oración
¿Hay algo más importante que la oración? Preguntó el discípulo al maestro.
El maestro pidió que el discípulo fuese hasta un arbusto próximo y cortase una rama. El discípulo obedeció.
¿El árbol continúa vivo? – preguntó el maestro
Tan vivo como antes.
Entonces vuelve allí y corta la raíz.
Si lo hago, el árbol morirá.
Las oraciones son las ramas de un árbol, cuya raíz se llama Fe –dijo el maestro. –Puede existir fe sin oración, pero no puede existir oración sin fe.
