20/04/2024
01:38 AM

El eterno sueño del megatrén

Renán Martínez

De los trenes del Ferrocarril Nacional de Honduras solo quedan recuerdos porque hasta los rieles desaparecieron en manos fantasmales. Quienes vivimos la niñez en la costa norte recordamos con nostalgia aquellos viajes del tren pasajero en los que veíamos pasar, por las ventanillas, los barracones y los postes del telégrafo que parecían correr en sentido contrario. Eran los tiempos gloriosos de la compañía bananera, tan previsora que construyó aquellas casas de madera sobre polines para sus trabajadores, con el fin de que no sucumbieran ante las inundaciones. Disfrutamos las escalas obligadas en las juntas de trenes con sabor a montuca, tamalitos de maíz tierno y otras especialidades criollas ofrecidas por los lugareños en hojas de mata de guineo, cuando bajábamos al andén de la estación.

Los diferentes ramales bananeros vivieron intensamente esa época gloriosa del transporte sobre rieles, el cual empezó a decaer cuando el ferrocarril pasó a manos del gobierno. De aquel emporio ferroviario fueron rescatadas algunas máquinas, vagones, motocarros y otras reliquias afines. Estas piezas históricas se exhiben en un museo al aire libre de El Progreso para retrotraer a la memoria de los visitantes, los tiempos en que las locomotoras se abrían paso rugiendo entre los bananales, unas remolcando hileras de vagones cargados de fruta para la exportación, y otras encabezando el alegre convoy del tren pasajero.

El “camino de hierro” que partía de Puerto Cortés y llegaba hasta Pimienta, fue construido por el presidente José María Medina (1860-1870) con la visión puesta en un ferrocarril interoceánico. Lamentablemente ese sueño no se hizo realidad por problemas de financiamiento internacional. En honor del innovador mandatario, el barrio más populoso de San Pedro Sula tiene su nombre.

El sueño de un ferrocarril que conecte el océano Atlántico con el Pacífico vuelve a cobrar vigencia con la reciente creación de una comisión gubernamental que tendrá la responsabilidad de hacer realidad el sueño a un costo de 10,000 millones de dólares.

De llevarse a cabo el proyecto con el apoyo de Japón, como parece ser, no hay duda que a largo plazo Honduras sería el primer país de Centroamérica en contar con un medio de comunicación capaz de competir con el Canal de Panamá. Además, la obra colocaría a la nación en un nuevo escenario económico internacional. Esto será factible, siempre y cuando exista interés, voluntad y honestidad en el manejo de la plata, de los diferentes gobiernos que tendrían que desarrollar el proyecto a lo largo de unos quince años, con mayor modernidad que la que tenía el viejo ferrocarril.