No me refiero en el título a ningún entrenador de las selecciones nacionales de fútbol que han dado más decepciones que satisfacciones a los aficionados de este deporte rey en Honduras, sino a un personaje que apareció frente a mi casa ofreciéndome que intercambiáramos ejemplares de la extraordinaria revista Selecciones. No se equivocó aquel hombre al escogerme como un posible candidato para acompañarle en su extraño, pero reconfortante pasatiempo, pues la lectura de esas publicaciones (las cuales ya no circulan en el país) fue uno de mis entretenimientos por muchos años y, por lo tanto, aún conservo algunas de esas joyas literarias.

Selecciones del Reader’Digest, llamada también simplemente Selecciones, es una revista mensual con formato de libro que contiene temas escritos en un castellano castizo y muy bien redactados para mantener el interés del lector hasta el final.

Desde 1940 en que apareció esta revista en español, generación tras generación de hispanohablantes se prendieron de sus páginas para disfrutar secciones como “La risa remedio infalible”, “Citas citables”, “Mi personaje inolvidable”, “Enriquezca su vocabulario” y artículos originales sobre política internacional, deportes, cine, medicina, avances científicos y muchos etcéteras. Su estilo es conservador y hace hincapié en los valores tradicionales de la familia.

En Honduras, esta revista excepcional dejó de circular en forma profusa por los años 90, cuando comenzó a evolucionar la telefonía móvil y el internet en forma acelerada. Esto trajo, como consecuencia, un cambio sustancial en las comunicaciones interpersonales, en los medios de comunicación en general y en nuestro estilo de vida.

Vale mencionar que bien usadas, las redes sociales de este “boom” tecnológico pueden proporcionarnos grandes beneficios personales; entre ellos, dinamizar nuestras comunicaciones o disfrutar de un buen libro digital, aunque para muchos usuarios, especialmente mayores, no es lo mismo leerlo en PDF que tener en las manos la obra impresa. Como dijo el portugués José Saramago, premio Nobel de Literatura: “Uno puede llorar sobre las páginas de un libro, pero no sobre el disco duro de un computador”.

Antes de que nos cayera esta avalancha tecnológica, para conocer el significado de una palabra teníamos que recurrir a un pesado diccionario y buscarla en forma minuciosa por orden alfabético. Entre más voluminoso, más completo era el mamotreto. Ahora, a través de Google, con solo hacer clic en la palabra diccionario podemos buscar cualquier unidad lingüística y el significado que queramos conocer. Lastimosamente, estas herramientas son menos usadas por una inmensa mayoría que aquellas que solamente proporcionan un entretenimiento infructuoso.

Debemos advertir que las redes sociales son capaces de crear adicción y hacer que los usuarios, especialmente jóvenes, pierdan interacción con su entorno social y hasta con su familia, pero lo más peligroso es que lleguen a ser víctimas de depredadores sexuales y otros malandros, quienes usan las redes para atraparlos. Los usuarios sensibles a las emociones pueden también seguir consignas fatales, como es el caso del guardia de seguridad de La Ceiba, que se quitó la vida con su arma de reglamento jugando a la ruleta rusa y grabó el desenlace en su Facebook. Ante esta situación, la disyuntiva es cómo emitir una legislación que permita garantizar la seguridad de los usuarios del internet sin afectar las libertades de expresión y comunicación.

De todas maneras no estaría de sobra que hubiese más promotores, no solo de la revista Selecciones, sino de otras tantas reminiscencias con influencias culturales y de sano esparcimiento para ayudar a mitigar esta pandemia digital o la pandemia del covid-19. Incluso para alejar el fantasma de los miedos provocados por nuestros problemas personales o la situación del país.

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