19/05/2024
09:38 AM

Educación 504

Henry Asterio Rodríguez

El pasado 28 de octubre, el niño Javier Antonio Ramírez Hernández, alumno del quinto grado del jardín, escuela e instituto católico San Juan Bautista de Trujillo, ganó el primer lugar de las olimpiadas infantiles de matemáticas a nivel nacional. Concurso en el que participaron alrededor de 1,500 estudiantes de todo el país, por lo que el pequeño Javier tiene ahora la oportunidad de representar a Honduras en las próximas olimpiadas internacionales que se llevarán a cabo en el verano de 2024 en la ciudad inglesa de Bath. La primera medalla para Honduras en una olimpiada internacional la ganó Darwin Gutiérrez en 2007, quien se hizo acreedor de la medalla de plata en su respectiva categoría.

Desde entonces nuestro país ha estado en repetidas ocasiones en el medallero olímpico matemático, ganando bronce y plata. Pero la pregunta del millón es ¿dónde están estas jóvenes promesas de nuestro país?, ¿quién los ha apoyado?, ¿qué oportunidades tienen?, ¿qué proyectos existen desde el gobierno, las universidades y la empresa para impulsar y aprovechar al máximo estas mentes privilegiadas? Una de las claves para el desarrollo de una nación hoy en día es la voluntad del Estado por forjar e incentivar una sólida asociación entre la academia, la industria y el sector público. La Cumbre de Líderes de la Alianza para la Prosperidad en las Américas, celebrada hace algunos días en EE UU ha reafirmado el compromiso de la región latinoamericana con temas como la energía limpia, semiconductores, tecnología y suministros médicos. Visto el panorama bélico mundial, esto representa una oportunidad sin precedentes para el desarrollo del continente, y su actual generación. Por ello se vuelve urgente una apuesta por la educación en Honduras, su tecnificación, el apoyo a los docentes, la inversión en infraestructura y el bilingüismo como oportunidad y derecho para todos en la enseñanza pública. Una buena plataforma de despegue sería el incentivo de la investigación universitaria, como búsqueda de la innovación en la industria nacional y para el desarrollo de los servicios públicos y privados, lo que podría establecer las bases de un verdadero impulso económico, que engrose la clase media del país y ayude a salir del umbral de la pobreza a muchas familias con jóvenes capaces. Urge que el gobierno hondureño promueva iniciativas de fondos de capital riesgo, que apuesten e inviertan en emprendimientos tecnológicos, en investigación, agroindustria, turismo, tecnología, que se conviertan en un semillero de nuevas empresas en el que se pueda invertir el capital humano e intelectual del país. Vivimos en una época llena de oportunidades en la que es posible que un pequeño emprendimiento se vuelva una gran empresa, pero para eso es necesario la voluntad política, visión e inversión. Es vergonzoso que mientras el congreso destina millones para mantener un aparato estatal inflado, que patrocina una burocracia parasitaria, las condiciones de muchos centros educativos sean deplorables, porque el fondo destinado para su “buen funcionamiento” es simplemente miserable. Esto no puede seguir así, es necesario un cambio ahora. Porque como decía el gran abolicionista F. Douglass: “La educación es el único camino para escapar de la esclavitud mental”. A lo mejor a muchos les conviene mantenernos esclavos.