Cuando una potencia mundial como los Estados Unidos de Norteamérica, por decisión se monta a la caravana de la reacción y se da el lujo de no liderar la situación, entonces inevitablemente visibiliza lo distante que han quedado en su diplomacia y los escuetos avances en política exterior y su abordaje migratorio.

Por ende, es también a todas luces más palpable que, premeditado o no, fueron rebasados por un presente muy real: los 21 días de recorrido que emprende un centroamericano hacia la nación norteamericana que le echan al traste cualquier intento disuasivo por evitar la migración irregular.

Esta vez la “Ley tendencia” es conocida como Programa de Menores de Centroamérica, CAM, y fue creada por Joe Biden en 2014 cuando él era vicepresidente de los Estados Unidos, siendo presidente Barack Obama, pero ésta duró solo cuatro años. Sí, efímera como todo intento por mantener las aguas mansas en la tierra de Francisco Morazán y cero exabruptos entre los 3.5 millones de centroamericanos que representan el 8% de los 44.5 millones de inmigrantes en Estados Unidos.

Lo defino como intentos efímeros porque toda “ley” alrededor de la utópica política migratoria, una que esté más allá del alcance de un gobernante demócrata, republicano o en definitiva pétrea ante cualquier Corte Americana, entonces simplemente el fenómeno migratorio seguirá siendo como regar el césped con aspersores para garantizar una lindísima área verde.

El lunes 13, Joe Biden anunciaba que a partir del martes 14 de septiembre se aceptan nuevos pedidos para acogerse al CAM, programa que brinda a niños y adolescentes en riesgo en Honduras, Guatemala y El Salvador, ingresar y residir legalmente a los Estados Unidos.

El CAM ya había sido cancelado en 2018 como consecuencia del duro abordaje del tema migratorio por parte del expresidente republicano Donald Trump y como casi todas las leyes son a lo “para gustos los colores”, a su regreso a la Casa Blanca pero esta vez como presidente, Joe Biden volvió a reanudar el CAM.

Y como toda regla tiene su excepción y ésta en particular donde Joe Biden se fue nuevamente por la tangente, eh´ aquí el gran detalle del favorecimiento a los padres centroamericanos y sus menores: la ley no es válida para pequeños que esperan actualmente un salvoconducto en la frontera con México, solo para quienes estén en Centroamérica al momento de hacer la solicitud.

Pero si somos objetivos en el abordaje del tema, en realidad Estados Unidos carga con un problema que no es totalmente suyo, aunque nunca han estado al margen de lo que por estos territorios se decide; y para muestra un botón: del Banco Central de Honduras, BCH, se volvió a hablar en mandarín a una nación que habla español, pues durante la semana comunicaron sobre un estudio que realizan para la emisión de una moneda digital en Honduras.

En tal sentido ya se habría firmado un memorándum de entendimiento con una compañía francesa para que se evalúe técnica y legalmente la prueba piloto de la moneda digital; definitivamente muy, pero muy lejos de lograr un entendimiento con el pueblo y sus verdaderos problemas económicos.

Y acá otro dato interesante: en los últimos doce meses el lempira se ha apreciado 40 centavos, porcentualmente hablando se trata de 1.62% y de enero a la fecha se ha apreciado dos centavos, o sea, el lempira se resiste y por ratos vence la pesada carga que le representa el dólar.

Así pues, mientras en Honduras el tema migratorio solo es importante para mantener una economía cimentada en remesas familiares, personas como la secretaria ejecutiva de la CEPAL, Alicia Bárcena, presenta la propuesta integral de rescate del Norte de Centroamérica y el Sur-sureste de México a los cancilleres Alexandra Hill, de El Salvador; Pedro Brolo, de Guatemala; Lisandro Rosales, de Honduras y Marcelo Ebrard, de México.

El Plan de Desarrollo Integral, PDI, involucra a 20 agencias, fondos y programas de las Naciones Unidas que operan en América Latina y el Caribe y busca cambiar la narrativa de la migración vinculándola al tema del desarrollo sostenible y la paz, ubicando la dignidad de la persona migrante y los derechos humanos en el centro con un enfoque de seguridad humana, adoptando una mirada de ciclo migratorio que incluye el origen, tránsito, destino y retorno.

Así de amplio sería en la práctica el abordaje desde la perspectiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, CEPAL, pero aún siendo optimistas, este plan está lejos de cruzar la frontera entre México y Estados Unidos para llegar a los escritorios del Congreso o la propia Casa Blanca, al menos para darle “copy page” a lo que ellos consideren realizable.

Y mientras el tema migratorio sigue entramado en un berenjenal diplomático y burocrático, para un hondureño sufrido y maltratado en realidad solo bastan 21 días en la ruta migratoria para pasar de tener un par de lempiras en sus bolsillos, a recibir promedio 8.5 dólares por hora ya en territorio estadounidense.