09/01/2026
08:02 AM

Anhelo estar contigo

Salomón Melgares Jr.

El salmo 42 comienza con la imagen de un ciervo o venado sediento. ¿Qué pudieron tener en mente los escritores del salmo al incluirlo? Está claro que el animal desea con ansia el agua de un arroyo, pero ¿por qué?

Algunos comentaristas entienden que se debe a que el animal está siendo perseguido por un cazador y, al correr por su vida, con desesperación necesita el agua para seguir con su huida del peligro.

Otros imaginan al animal en temporada de sequía, también desesperado por el agua requerida para su supervivencia, situándolo así en medio de un peligro diferente que también atenta contra su existencia.

¿Qué peligros está afrontando usted, querido lector? ¿Qué lo está haciendo sentirse inquieto, maniatado? ¿Qué olas de tristeza se están estrellando contra usted o en qué océano de amargura se encuentra navegando en este momento?

Finalmente, la imagen del venado sediento nos recuerda que, en nuestras propias temporadas de desesperación o tristeza, encontraremos lo que necesitamos solamente en Dios.

Solamente Él puede satisfacernos verdaderamente. Por eso el salmista exclama con convicción: “Tú eres el Dios de la vida, y anhelo estar contigo. Quiero ir a tu templo y cara a cara adorarte solo a Ti... ¡No hay razón para que me inquiete! ¡No hay razón para que me preocupe! ¡Pondré mi confianza en Dios mi salvador!” (Salmos 42:2, 5 TLA).

Sin embargo, creo que la imagen que debería quedar mejor impresa en nuestra mente con relación al salmo es la de anhelar estar con Dios.

“Tengo sed de Dios, del Dios viviente”, ese es el punto. Y que así como el venado o el león buscan agua fresca cuando tienen sed, así también nosotros busquemos a Dios porque reconocemos nuestra necesidad de Él. “Mas el que bebiere del agua que yo le daré -dijo Jesús-, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna” (Juan 4:14).