La lista Argueta

Está de moda la Lista Engels. Se ha tornado tan popular que ha inspirado a muchos a elaborar bajo ese nombre su propio listado con los nombres de sus enemigos o desconocidos que han sido señalados en las redes sociales, en los corrillos populares y en las confidencias entre políticos, como vinculados de alguna manera con el lavado de activos o el envío de narcóticos a Estados Unidos. En la semana que pasó circularon lo menos tres listas diferentes. Antes de esta lista, que no tiene que ver con Federico Engels, compañero y mecenas de Marx, autor de

El capital y ambos redactores del Manifiesto comunista, sino que, con un político estadounidense, la más popular era la de Schindler. Más que políticos enfangados en la corrupción o delincuentes vinculados con el narcotráfico, la lista era conformada por todos los judíos que Schindler había liberado de una muerte segura, a manos de las autoridades alemanas que habían decidido exterminarlos. Esa historia constituyó el corazón de una bella película que es un ejemplo de solidaridad humana por parte del que, corriendo riesgos, ayudó a los débiles a evitar la persecución y la muerte de sus enemigos.

La Lista Argueta es otra cosa. Tiene que ver con la memoria histórica nacional y la vinculación de esta con el orgullo y la identidad hondureña. Ha sido preparada por el historiador Mario Argueta y publicada en El Heraldo, de Tegucigalpa. Estar en ella es un honor y un orgullo para los mencionados que aún viven como para los descendientes de los que concluyeron su período terrenal. Y tiene una característica que, al ser incompleta – y arbitraria como todas las listas, menos las que contengan nombres de personas sometidas a castigos o salvadas de sus enemigos – nos permite a los historiadores, aficionados a las ciencias sociales, docentes y periodistas, aumentarla sin permiso de su autor. Para volverse una actividad fraterna, acumuladora de visiones diferentes, para producir una lista consensuada de libros, útiles para la formación del carácter de los hondureños. Son “diez obras que - dice Argueta - en mi criterio deben ser adquiridas y leídas por quien desee profundizar en nuestro pretérito”.

1. De la patria del criollo a la patria compartida, Marcos Carías Zapata.
2. Un siglo en la hacienda: estancias y haciendas ganaderas en la antigua Alcaldía Mayor de Tegucigalpa, 1670—1850, de Leticia de Oyuela.
3. Honduras en el siglo XIX: su historia socioeconómica, 1839—1914, José Guevara Escudero.
4. Evolución histórica de la identidad nacional, Marvin Barahona. 5. Reforma Liberal y desarrollo capitalista en Honduras, Guillermo Molina Chocano. 6. Honduras, estampa de la espera, Ramón Oquelí.
7. El Capitalismo de San Pedro Sula y la historia política hondureña de 1870—1972, Darío Euraque.
8.Biografía de San Pedro Sula, Rodolfo Pastor Fasquelle.
9. Historia del movimiento obrero hondureño, Víctor Meza.
10. La seguridad social en Honduras: actores socio políticos, instituciones históricas y raíces históricas de su crisis, Yesenia Martínez”.
Víctor Manuel Ramos ha agregado a La Lista Argueta la Historia económica y social de Honduras” de Antonio Ramón Vallejo. Y yo, me he permitido agregar, Historia de Honduras de Rómulo E. Durón, Honduras en la independencia de Centroamérica y México y Anexión a México de Guillermo Mayes Huete, Los árabes y palestinos en Honduras de Jorge Amaya, Prácticas electorales y cultura política en Honduras durante el siglo XIX (1812—1894) de Ethel García Buchard. Los nombres de Honduras de óscar Castañeda Batres, Cristóbal de Olid de Rafael Heliodoro Valle, y Tres caudillos de Mario Argueta. Con este ejercicio, no ofendemos a nadie. “La Lista Argueta”, sigue abierta.