Aprendió Australia de los incendios. ¿Y California?

Australia ha aprendido a enfrentar incendios con prevención, regulación y cooperación. En California, la falta de medidas similares agrava la crisis.

  • Actualizado: 07 de febrero de 2025 a las 00:00 -

Por: Van Badham/The New York Times

Ay, California. Nosotros, los australianos, hemos estado observando cómo se desarrollaba su ardiente pesadilla, con la triste conciencia de que ahora están viviendo en la nuestra.

Siempre es temporada de incendios en algún lugar de Australia y atormentan nuestra imaginación colectiva. Las historias de su terror han ocupado un lugar en la narrativa indígena durante miles de años y se entretejen en nuestra literatura, películas y televisión. Son parte integral de nuestro paisaje; algunas especies de plantas locales han evolucionado hasta necesitar incendios para la germinación de sus semillas.

En Los Ángeles, el miedo, la rabia y las acusaciones están presentes. Los australianos también han estado allí. El fuego transforma lo que toca, no sólo el aire y la tierra, sino también a las personas y las instituciones. Con el tiempo, hemos aprendido que coadministrar la naturaleza y la expansión urbana involucra tomas y dacas que son difíciles, pero que vale la pena hacer.

Una gran mayoría de los australianos vive en una ciudad o sus alrededores, pero nuestros suburbios y ciudades del interior han incursionado durante mucho tiempo en bosques y pastizales adyacentes similares a los paisajes de California. Es peligroso: Australia es más cálida y seca que Estados Unidos, con fuertes vientos y sequías frecuentes. Los eucaliptos que dominan la vegetación nativa están impregnados de un aceite altamente inflamable, y su corteza y hojas secas forman una capa de combustible en el suelo del bosque.

Los incendios más mortíferos de Australia ocurrieron en el 2009 en el Estado de Victoria. En un solo día, estallaron 400 incendios distintos. Los miles de bomberos desplegados para combatirlos quedaron rebasados; más de 2 mil viviendas quedaron destruidas, 173 personas murieron y cientos resultaron heridas.

John Brumby, el Primer Ministro de Victoria en ese entonces, advirtió al público con anticipación, aceptó ayuda de otros Estados australianos y del Ejército, estableció centros de ayuda, rápidamente puso a disposición asistencia financiera y visitó las comunidades más afectadas. Inició una investigación para identificar formas en que el Estado podía prepararse mejor y responder a los incendios. Se hicieron 67 recomendaciones y Brumby invirtió enormes cantidades de dinero y capital político para su rápida aplicación.

Las autoridades de bomberos de Victoria ahora evalúan las propiedades según su “nivel de ataque de incendios”. Existen restricciones sobre los materiales de construcción y reglas para garantizar que los conductos de ventilación, porches, patios, ventanas y espacios bajo el piso cumplan con los estándares de seguridad contra incendios. Los propietarios también son responsables de limpiar la vegetación para que sirva como cortafuegos.

En California, las quemas controladas enfrentan limitaciones legales, ambientales y de responsabilidad. En Victoria, el Gobierno debe cumplir objetivos para reducir los pastos combustibles, los matorrales y la vegetación muerta mediante quemas.

¿Acaso los desarrolladores protestaron por las reformas, como lo han hecho en California? Por supuesto. ¿Se quejaron los propietarios de sus obligaciones? Sí, y aún lo hacen.

Pero el marco de prevención de incendios de Victoria sigue vigente porque el público se da cuenta de su valor y otros Estados han adoptado políticas similares. Los australianos han llegado a aceptar que la preparación implica contribución y sacrificio.

El ejército de combate de incendios de Australia hoy incluye decenas de miles de voluntarios organizados, capacitados y equipados por profesionales —y trabajan junto a ellos. “Los australianos tienden a no ver los incendios como un problema del Gobierno, sino uno compartido”, dijo Greg Mullins, ex jefe de bomberos de Nueva Gales del Sur que también ayudó a combatir incendios en Los Ángeles. Esto reduce los “inútiles juegos de culpas después de grandes incendios”, facilitando respuestas más colaborativas y cambios de políticas.

Fundamentalmente, los incendios cada vez más catastróficos de Australia han obligado al público a aceptar que el cambio climático está empeorando las cosas.

Refugio contra incendios

La temporada de incendios del Verano Negro del 2019-20 destruyó 3 mil hogares, mató o desplazó a unos 3 mil millones de animales y afectó de alguna manera a casi el 80 por ciento de los australianos. Los incendios aún ardían cuando una fotografía viral mostró al entonces Primer Ministro Scott Morrison disfrutando de unas vacaciones en la playa en Hawai. Morrison, que había desestimado repetidamente las preocupaciones sobre el cambio climático, se resistió a interrumpir sus vacaciones durante días hasta la muerte de dos jóvenes bomberos voluntarios.

En las elecciones federales del 2022, algunos de los críticos de Morrison vistieron camisas hawaianas en las urnas mientras votaban para destituir a su Gobierno conservador.

No hay ideólogos en un refugio contra incendios. Sólo hay ciudadanos aterrorizados y traumatizados cuya supervivencia depende de la preparación colectiva, la valentía y la suerte. El fuego ha enseñado a los australianos que el Gobierno y el público juntos deben lograr la primera, y mientras más hagan, menos tenemos que depender de las otras dos. En una Victoria mejor regulada y más preparada, los incendios del 2019-20 causaron sólo cinco muertes.

En crisis así, puedes jugar a la política, señalar con el dedo y resistirte a la realidad, o puedes elegir la seguridad. Los australianos eligieron lo último. No nos arrepentimos.

Van Badham es columnista de The Guardian Australia y autor de “QAnon and On: A Short and Shocking History of Internet Conspiracy Cults”.

©The New York Times Company 2025

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Staff NYTimes
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