Los asesinatos en México vinculados con el crimen organizado han alcanzado este año una cifra récord con 5,031 casos, según un conteo realizado por el diario El Universal de ese país.
Pese a las políticas aplicadas por el gobierno mexicano de Felipe Calderón, las muertes se han incrementado en apenas 42 días, pasando de 4,000 casos a 5,031, es decir, un promedio de un homicidio por hora.
La cifra es la más alta desde que El Universal comenzó a realizar esta estadística desde hace cuatro años. Al ritmo actual, los fallecidos en 2008 podrían duplicar a los 2,800 muertos por narcotráfico que hubo en 2007.
Más violencia
El Estado de Chihuahua en el norte del país y fronterizo con el estado norteamericano de Texas ha sido el que ha registrado la mayor cantidad de muertes en el último mes y medio con 284 ejecuciones, para sumar un total de 2,001 homicidios en lo que va del año.
Siguen en la lista de los Estados más violentos del país Baja California, con 258 asesinatos; Sinaloa, con 142 casos; y Durango, con 47 homicidios.
Todos ellos se encuentran en el norte del país, donde el crimen organizado mantiene una alta actividad por el control de la zona, al igual que el narcotráfico.
La violencia también ha golpeado duramente a la Policía que ha registrado decenas de bajas en 2008. Desde el 22 de octubre hasta el 2 de diciembre murieron 90 funcionarios policiales, según las cifras divulgadas por El Universal.
La jornada más violenta del año se registró el lunes 3 de noviembre, cuando hubo al menos 58 asesinatos.
Otras zonas
Los Estados de Sinaloa y Durango fueron ayer escenario de varios enfrentamientos entre miembros de bandas delictivas. En Sinaloa murieron 12 personas al ser atacadas con granadas.
Una de ellas era el presidente de la Unión Ganadera Regional de Sinaloa, Enrique Mendívil Flores. En el Estado de Durango, unos desconocidos lanzaron tres granadas al edificio del Instituto de Capacitación Policíaca, dejando a tres oficiales heridos y cuantiosos daños en las instalaciones de esta dependencia de la Fiscalía.
En Chihuahua informaron de 12 homicidios, mientras que en Baja California se registraron seis muertes.
Tan sólo durante los dos años de gestión del presidente Felipe Calderón han sido ejecutadas 7,882 personas por el narcotráfico. El gobierno de Calderón ha impulsado una fuerte ofensiva contra los carteles de la droga que operan principalmente en el norte de México.
Periodistas en la mira
Mientras el fotógrafo estacionaba su Ford Explorer en un campo de fútbol, el crujido de su radio fue interrumpido por un pasaje de música de acordeón.
Era un fragmento de un 'narcocorrido' -los corridos que glorifican a los traficantes de drogas-, que anunciaba más muertes relacionadas con la guerra contra el narcotráfico.
Héctor Dyer ya estaba al tanto de eso. Frente a sí tenía los cadáveres de siete personas, atadas, golpeadas y con varios balazos. Lo que no sabía es si entre ellas había otro colega.
Dos semanas atrás, Dyer había fotografiado a un amigo, un veterano reportero de policiales de un diario rival, que había sido baleado en su automóvil ante la mirada aterrorizada de su hija de ocho años.
Esta vez no había nadie del gremio periodístico entre los muertos. Dyer tomó su cámara, se subió el cuello de su chaqueta para tratar de ocultar su rostro y se puso a fotografiar la carnicería humana.
'Deberíamos usar pasamontañas, como la policía', declaró Dyer, quien trabaja en el diario El Norte y tiene dos hijos. 'Estamos muy expuestos. Todos nos pueden ver e identificar. Saben que si hay muertos, allí voy'.
Preocupación
México es el país de las Américas donde más periodistas son asesinados y uno de los más peligrosos del mundo para ese gremio. El Comité de Protección al Periodista, CPP, con sede en Nueva York dice que desde el 2000 fueron asesinados al menos 24 periodistas y que siete desaparecieron en los últimos tres años.
Muchas de las víctimas habían informado recientemente sobre vínculos entre la policía y los carteles de la droga. Se especula que algunos recibían dinero de los narcotraficantes, pero es difícil comprobarlo porque estos asesinatos rara vez son investigados en serio. De los 24 casos conocidos se ha resuelto sólo uno, según el CPP.
Los ataques van dirigidos contra periodistas específicos e incluso contra el medio en sí. Ha habido por lo menos dos casos en los que arrojaron granadas a las oficinas de un diario.
Atropello
Los ataques están logrando su propósito de silenciar a los periodistas y vulneran la democracia mexicana. Los medios de todo el país informan cada vez menos sobre la guerra contra el narcotráfico y, en el mejor de los casos, se limitan a reproducir lo que dicen las autoridades, sin contexto, sin análisis y sin investigación alguna. En la mayoría de los sitios, los periodistas no reportan ni siquiera los asesinatos que ellos mismos han presenciado.
Ciudad Juárez, la urbe mexicana más violenta, con 1,400 muertes en lo que va del año, es una excepción. Los periodistas aquí siguen informando sobre las muertes diarias, sin usar firmas ni identificar a los fotógrafos.
Muchos usan distintos autos y cambian de ruta para ir a trabajar. Algunos usan chalecos a prueba de balas, aunque se cree que eso los convierte en un blanco más visible.
Casi todos los periodistas policiales han recibido amenazas de muerte. Incluido Armando Rodríguez, veterano reportero de El Diario, de 40 años. En febrero Rodríguez pidió protección a la fiscalía, pero le exigieron que hiciese una denuncia policial y se negó. El 13 de noviembre, Rodríguez estaba en su auto, frente a su casa, con su hija de ocho años, esperando a otra hija de seis años para llevar a las niñas a la escuela. De repente empezaron los disparos.
Terror
La esposa de Rodríguez, Blanca Martínez, pegó un grito al mirar por la ventana de la cocina. Vio la cabeza de su marido inclinada y pensó que estaba buscando su teléfono celular para llamar al diario e informar que había una balacera.
Luego se dio cuenta de que no se movía. Y su hija estaba temblando a su lado. Martínez salió corriendo y le dijo a la pequeña que entrase a la casa. Se subió al auto y aferró el cuerpo de su esposo, hasta que llegaron la policía y varios colegas.
'No tengo esperanzas de que vayan a encontrar a los culpables', expresó. 'Lo único que quiero es que se arrepientan'.
'Tomé fotos y después no sabía qué hacer. Estaba todo en silencio', recordó Dyer. El escritorio de Rodríguez en El Diario sigue casi como lo dejó, con una pila desprolija de anotaciones y comunicados policiales.
El director del diario, Pedro Torres, dice que quiere una investigación a fondo, pero que la policía ha mostrado poco interés.
'No queremos hacerlo un mártir. Sólo queremos la verdad', manifestó Torres.
'Te da mucha impotencia, mucho coraje, pero no tenemos miedo. Uno no puede ejercer el periodismo si tiene miedo'.
'Todos los periodistas de Juárez corren peligro de ser asesinados en estos momentos porque a alguien no le gusta lo que publicaron', declaró en una entrevista telefónica desde el lugar donde se esconde.