Filadelfia, Estados Unidos.

Estados Unidos decide este día si Donald Trump continuará en la Casa Blanca o elige a Joe Biden como el nuevo presidente que redefinirá el futuro de la potencia de América.

El mandatario republicano asiste a elecciones rezagado en las encuestas a nivel nacional, que le asignan 44% de las preferencias contra 51% para el demócrata Biden.

“Veo esas encuestas falsas”, afirmó Trump en Fayetteville, en Carolina del Norte. “Vamos a ganar”, añadió el mandatario ante una multitud que gritaba “¡Cuatro años más!”

“¡Tuvimos suficiente con el caos! Tuvimos suficiente con los tuits, la ira, el odio, el fracaso, la irresponsabilidad”, respondió Biden desde otro mitin celebrado en Ohio, y se comprometió a tener la pandemia de coronavirus “bajo control” si es elegido. Las elecciones son hoy, pero la pandemia ha llevado a millones de estadounidenses a votar por adelantado, con un récord de más de 97 millones de sufragios ya emitidos.

Donald Trump y Joe Biden se atacaron duramente ayer en un último intento de ganar la simpatía de los electores a pocas horas del fin de una campaña marcada por la pandemia, la crisis económica y la profunda división de EUA.
Esto también abre un escenario de incertidumbre, ya que la noche de la elección, el porcentaje de votos a ser contados en las urnas pueden dar un resultado capaz de ser revertido cuando se cuenten los votos anticipados.

Unos 32 millones de hispanos, primera minoría étnica de Estados Unidos, están habilitados para sufragar en estos comicios, en los que un número sin precedentes ha optado por la votación anticipada, tanto por correo como presencial.

Pensilvania

En el último día de campaña electoral en Estados Unidos, Trump y su rival Biden apostaron todo en Pensilvania, un estado considerado clave para su triunfo.

Ambos candidatos y sus campañas recorrieron incansablemente cada rincón del estado que Trump ganó en 2016 por apenas 44,000 votos, menos de 1%, y donde ahora el demócrata Biden aparece como ganador por entre cuatro y cinco puntos porcentuales, según los últimos sondeos.

En vez de viajar a otros estados claves, como Michigan o Wisconsin, Biden pasó el domingo haciendo campaña en Pensilvania, su estado natal de 13 millones de habitantes, y ayer lunes, tras una breve parada en Ohio, regresó allí para tres mítines, incluido un drive-in en Pittsburgh con la cantante Lady Gaga.

Donald Trump y Joe Biden se atacaron duramente ayer en un último intento de ganar la simpatía de los electores a pocas horas del fin de una campaña marcada por la pandemia, la crisis económica y la profunda división de EUA.
“Cada día es un nuevo recuerdo de tantas cosas que están en juego, cuán lejos irá el otro bando para tratar de que la gente no vote”, dijo Biden el domingo en uno de sus actos de campaña. “Especialmente aquí en Filadelfia. El presidente Trump está aterrorizado de lo que pueda pasar en Pensilvania”.

Después de Texas (38) y Florida (29), Pensilvania es el estado bisagra con más votos en el Colegio Electoral, 20.

Paciencia

El alcalde de Filadelfia, Jim Kenney, pidió “paciencia” ayer en una carta abierta a la población, ya que el conteo puede llevar varios días a raíz del elevado número de votos por correo debido a la pandemia por el coronavirus. Algunos estados ya han comenzado a contar esos votos, pero la ley impide el conteo en Pensilvania hasta hoy martes, día oficial de la elección.

Trump asegura que el retraso en el conteo puede conducir a un fraude, y anunció que disputará el resultado en Pensilvania antes de que se terminen de contar los votos.

“En la noche, tan pronto cuando termine la elección, iremos con nuestros abogados” a pelear el resultado en Pensilvania, dijo Trump el domingo a periodistas, según The New York Times.

“El Presidente no robará esta elección”, respondió Biden.

De manera excepcional, la Suprema Corte estadounidense permitió a Pensilvania contar votos por correo que lleguen hasta tres días después de la elección, contra la voluntad de los republicanos.

Donald Trump y Joe Biden se atacaron duramente ayer en un último intento de ganar la simpatía de los electores a pocas horas del fin de una campaña marcada por la pandemia, la crisis económica y la profunda división de EUA.
Pero el tema podría regresar al máximo tribunal después de los comicios.

En este estado que forma parte del Rust Belt (cinturón del óxido), marcado por el declive industrial, Biden apuesta a recuperar los votos de familias blancas de clase obrera y votantes negros urbanos.

Las grandes ciudades de Pensilvania votarán seguramente por Biden, mientras que se espera que el oeste rural y el centro conservador apoyen a Trump.

“Donald Trump ve el mundo desde Park Avenue”, la elegante avenida de Nueva York donde residen los millonarios, tuiteó Biden ayer. “Yo los veo desde donde vengo: Scranton, Pensilvania”. Extremadamente prudente a raíz de la pandemia, Bidden (de 77 años) se abstiene de celebrar actos masivos como los que convoca Trump (de 74).

En una etapa en Filadelfia, varias decenas de personas se reunieron en un estacionamiento para escuchar hablar a un Biden con barbijo y la voz tan baja que era apenas inteligible.

Funcionará para Biden. Los mítines del magnate inmobiliario republicano son radicalmente diferentes.

Miles de seguidores acudieron el sábado a uno de sus cuatro mítines en Pensilvania, muchos sin barbijo ni respeto del distanciamiento físico.

“Nadie ha visto nada como esto”, dijo el Presidente mientras era aplaudido a rabiar.

El ritmo de Trump es frenético: ayer lunes celebró varios mítines en cuatro estados, incluido uno en Scranton, Pensilvania.


Biden pelea cada voto en Pensilvania, especialmente en la comunidad negra de Filadelfia, un electorado tradicionalmente demócrata pero que en 2016 no otorgó el apoyo esperado a la candidata Hillary Clinton.

El domingo hizo campaña en la iglesia Sharon Baptist Church, donde seguidores en unos 50 automóviles habían estacionado para escucharlo.

Aunque Millicent Hunter, una pastora negra de Filadelfia, dice confiar en un triunfo de Biden en el estado, insiste en que “no es momento de descansarse en los laureles”.

¿Se inquieta por una posible repetición de lo que ocurrió en 2016, cuando Clinton lideraba los sondeos en Pensilvania, Michigan y Wisconsin, pero perdió esos estados? La pastora duda.