Si Barack Obama fuese un huracán, en estos momentos podría estar cerca de La Habana... Numerosas variables así lo indican.
Las presiones de América Latina sobre el presidente de Estados Unidos para que levante el embargo a Cuba nunca han sido tan grandes. Y nunca antes, ni siquiera con los Gobiernos demócratas de Jimmy Carter y Bill Clinton, la posibilidad de un acercamiento bilateral ha estado tan próxima.
Lo demanda la coherencia del Obama con su propio discurso dialogante, y lo posibilita el cambio de la correlación de fuerzas dentro y fuera de Estados Unidos.
Cuba, sacudida por la crisis y gobernada por un liderazgo histórico que llega a su final, lo necesita.
Sólo han pasado unos días del viaje a la isla de un grupo de congresistas demócratas opuestos al embargo.
En un gesto hacia Washington, fueron recibidos por Raúl y Fidel Castro. Ahora toda la atención se centra en la próxima cumbre de las Américas, que se celebrará en Trinidad y Tobago entre el 17 y el 19 de abril.
En vísperas del encuentro, Obama podría eliminar las restricciones que existen para que los cubanoamericanos viajen a la isla y envíen remesas a sus familiares. Sería un gesto de acercamiento a Cuba, pero también hacia la región, y afectaría a un millón y medio de exiliados.
Reacciones
Sin embargo, ayer el secretario general de la Organización de los Estados Americanos, OEA, José Miguel Insulza, consideró un error que en la Cumbre de las Américas se presione a EUA para que termine con el embargo a Cuba.
'Si alguien cree que hay que empujar al presidente de Estados Unidos en la cumbre para conseguir ese objetivo, está profundamente equivocado', aseguró Insulza en una entrevista que publicó ayer el diario colombiano El Tiempo.
'Si lo que Cuba quiere es que se acabe el embargo, no se le hace un favor empujando' a Obama, enfatizó.
Según Insulza, el tema de la marginación de Cuba de la OEA no es para tratarse en la Cumbre, sino en la Asamblea General del organismo hemisférico.
'La Cumbre no tiene autoridad para eso. Entonces no nos engañemos', insistió el diplomático.
Varios mandatarios de la región han anticipado su interés de incluir en la agenda del cónclave continental la discusión sobre la marginación de Cuba de la OEA y de la cumbre misma.
Insulza también dijo que Estados Unidos tiene la intención de dialogar con Venezuela y Bolivia para tratar de limar las asperezas que se generaron en los últimos años. 'Pero debe ser un diálogo sin condiciones', advirtió.
Cautela
De cualquier modo, hoy hay que hablar con extrema cautela, pues todo está cambiando en el ajedrez político bilateral. Lo que antes no parecía posible -o parecía fácil de sabotear- hoy cobra fuerza. Por ejemplo, el Congreso de Estados Unidos debatirá dos proyectos para levantar las restricciones que impiden a los norteamericanos viajar a Cuba.
La preocupación es natural. En los últimos seis meses una decena de presidentes latinoamericanos ha viajado a Cuba y ha condenado el embargo. Entre ellos hay pesos pesados, como el brasileño Lula; aliados naturales como Rafael Correa, de Ecuador; las mandatarias de Argentina y Chile, Cristina Fernández y Michele Bachelet; y por supuesto también el venezolano Hugo Chávez, quien el viernes viajó a La Habana para coordinar posiciones.
La cumbre de Trinidad y Tobago será una mesa de juego. Cuba podrá elegir presionar a Estados Unidos o darle margen; Washington descubrirá también alguna de sus cartas.
'Los temas prioritarios en el hemisferio que se deben tratar en la cumbre son la migración y el crimen'.
José Miguel Insulza
Secretario general de la OEA