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“En Guanaja ya vimos el fin del mundo después del huracán Mitch”

Después de la desolación que causó el huracán Mitch, los habitantes construyeron Brisas del Mitch, adonde ahora residen varios sobrevivientes

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En Guanaja se encuentra la zona conocida como Playa del Soldado, adonde llegó Cristobal Colón en uno de sus viajes (1502). Aquí había un museo de historia, pero el Mitch lo destruyó y solo dejó los cimientos del edificio. Fotos: Franklyn Muñoz y AFP.
En Guanaja se encuentra la zona conocida como Playa del Soldado, adonde llegó Cristobal Colón en uno de sus viajes (1502). Aquí había un museo de historia, pero el Mitch lo destruyó y solo dejó los cimientos del edificio. Fotos: Franklyn Muñoz y AFP.

Guanaja, Islas de la Bahía

Guanaja es como un mundo aparte. Es una joya natural del Caribe donde la realidad es muy distinta a la mayoría de lugares de Honduras. En 1998, justo cuando comenzaba a consolidarse como destino turístico, el huracán Mitch la desoló. Enterró de golpe todos los avances logrados.

“Nunca olvidaré cuando el Mitch impactó a Guanaja. Los árboles quedaron arrancados. Creímos que éramos los únicos que habíamos quedado. Nosotros ya vimos el fin del mundo”, expresa Sindy Mercado, directora de la Unidad de Turismo Municipal de Guanaja.

Es imposible describir toda la devastación que causó el huracán Mitch en Guanaja

Sindy Mercado, Jefa de la Unidad de Turismo Municipal de Guanaja

Fuera de Guanaja, pocos saben cómo es la vida en esta isla. Aquí, las comunidades están en diferentes cayos, muy separadas por el mar unas de las otras, pero todas las poblaciones mantienen una comunicación y relación.

Para llegar a esta isla hay que viajar en avión desde La Ceiba. Antes, la terminal aérea en Guanaja se limitaba a una rudimentaria pista y una pequeña caseta de madera adonde atendían a los pasajeros. Pero el Mitch también dejó casi inutilizable ese modesto aeródromo.

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Antes. Esta es una de las zonas que el Mitch más impactó. Arrancó árboles y desmanteló un museo.

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Después. Ahora los árboles han vuelto a crecer. Los habitantes hicieron una edificación tipo faro, pero nunca lo reconstruyeron.

Años después, el Gobierno construyó una terminal aérea más grande e hizo una pista asfaltada (conocida con el código GJA) con 1,220 metros de longitud.

Diamante sin pulir. Tras llegar al aeropuerto Harris H. Hunter de Guanaja, los visitantes descubren que los taxis son lanchas, pues es a través del mar la única forma de ir de la terminal aérea a las comunidades.

Además lea: Tras el Mitch, Guanaja es tan frágil como hace 20 años

La zona donde está la alcaldía y se concentra el comercio, es El Cayo, una comunidad rodeada de agua, pero sin playa. En este pequeño territorio hay un hacinamiento exagerado de edificaciones. Las calles son tan angostas que no caben los vehículos.
El Cayo, una de las zonas devastadas por el Mitch, por su ubicación ( inserto en el mar), continúa totalmente expuesto a los fenómenos naturales.

“En turismo aún estamos en pañales, pues no nos recuperamos del huracán. Por ejemplo, había un museo de historia en la Playa del Soldado, ya que a esa playa llegó Cristobal Colón, pero el museo fue destruido por el fenómeno y ahora solo quedan las bases”, dice Mercado.

Estacionario
Tres días. El huracán Mitch se mantuvo estacionario cerca de Guanaja y provocó grandes daños en toda la isla, destruyó desde edificaciones hasta la flora y fauna.



Para desplazarse a otras comunidades desde El Cayo, el único medio es la lancha. En algunos tramos, los viajes duran varios minutos.

La mayoría de habitantes en Guanaja está en el área rural, donde residen 3,934 personas. En el sector urbano viven 1,805 personas, según el Instituto Nacional de Estadísticas (INE).

Brisas del Mitch. El caos que causó el huracán hizo que muchos se mudaran a tierras altas y construyeran la comunidad Brisas del Mitch, adonde viven ahora.guanaja reacciones3(1024x768)

“La gente que ahora reside en Brisas del Mitch es, en su mayoría, la que vivía en Mangrove Bight, lugar destrozado por el huracán. La gente todavía teme que suceda algo parecido. Ese miedo siempre está ahí. Ya es parte de nosotros”, dice Ormond Moore, vicepresidente de la asociación de taxistas en lancha de Guanaja.