27/05/2026
12:33 AM

Tres infartos no doblegan al médico de los militares

El doctor César Salgado sigue haciendo gala de su buen humor después de una cirugía a corazón abierto y otra en la cabeza.

    Para el doctor César Salgado, médico de los militares desde hace más de 40 años, la tercera no es la vencida y mucho menos la cuarta, pues ha sufrido tres infartos y una rotura en la cabeza y sigue como si tal, haciendo gala de su buen sentido del humor.

    Su inseparable bastón es lo único que delata el impacto de dos delicadas cirugías, una a corazón abierto y otra en la cabeza, pues sigue vistiendo su uniforme de capitán del ejército y su gabacha de radiólogo.

    Aunque el Colegio Médico ya lo jubiló, no lo ha jubilado su estado de ánimo y por eso sigue visitando tres veces a la semana la 105 Brigada Militar, donde a su paso los soldados se le cuadran, haciendo sonar sus tacones, más por cariño y admiración que por disciplina militar.

    “Aquí me tienen en depósito, no me pueden jubilar porque ya soy jubilado”, dice sonriendo el médico de 70 años, quien, a pesar de que tiene un sustituto en la unidad militar, sigue colaborando con ella.

    Salgado se convirtió en el médico de los militares desde la guerra entre Honduras y El Salvador cuando fue llamado para que se pusiera a las órdenes de la Patria, mientras estudiaba radiología en México.

    “Cuando me presenté al Tercer Batallón de San Pedro Sula, el comandante Juan Alberto Melgar me preguntó qué andaba haciendo, pues no creía que fuera voluntario de guerra.

    Dice Salgado que siempre había querido ser militar, pero su papá no lo dejó porque quería que siguiera sus pasos de médico. Por eso se sintió realizado cuando el entonces coronel Melgar lo mandó a que le dieran una fatiga para que fuera a socorrer combatientes en el frente de guerra en San Rafael de Las Mataras.

    Tras el conflicto bélico regresó a terminar sus estudios a México y luego le continuó prestando sus servicios profesionales al ejército por amor a la causa, pues lo único que le daban eran tres galones de gasolina a la semana.

    También trabajó como radiólogo del hospital Leonardo Martínez y luego del Mario Catarino Rivas.

    ¡Cuidado con murmurar!

    Aunque se sentía orgulloso de vestir uniforme verde olivo cuando auxiliaba a los damnificados de las catástrofes que asolaban al país como brigadista militar, nunca le gustaron las armas.

    “Es horrible que un médico ande armado cuando su misión es salvar vidas”, comenta.

    Su ascenso a capitán lo obtuvo por presiones del fallecido general Gustavo álvarez Martínez cuando éste fue comandante del Tercer Batallón de Infantería. “O aplicás para el grado de subteniente o te vas a la chingada”, lo amenazó el oficial.

    De subteniente ascendió a capitán y habría seguido agregando más estrellas a su uniforme, pero sus obligaciones en Salud Pública no le permitieron hacer el curso para ser mayor.

    Al fundarse la 105 Brigada Militar en 1987, Salgado fue nombrado capitán auxiliar de sanidad para continuar socorriendo no solamente a los miembros del ejército, sino a los pobladores perjudicados por las inundaciones.

    En ese tiempo, en la unidad militar solamente había dos platos para que la tropa y los oficiales recibieran su ración de comida a la hora del “rancho”.

    “Tal vez uno estaba a punto de que le dieran su comida, cuando llegaba un coronel, le quitaba el plato y lo mandaba a hacer fila otra vez... y cuidado con murmurar”, dice Salgado, sonriente.

    Los tres bypass que lleva en el corazón no le han quitado la alegría de vivir, comenta Suyapa Gonzalez, veterana secretaria de la 105 Brigada Militar. “Sigue bromeando y dando guerra, pero a todas nos respeta”.

    También fue actor

    Durante la entrevista, el médico trata también de rescatar de su memoria anécdotas de otra faceta de su vida: la de actor del Círculo Teatral Sampedrano.

    Su primer papel fue el de agente de tránsito en la obra “Usted tiene ojos de mujer fatal”.

    Había comenzado dando veladas con Francisco Saybe en el garage de Francisco J. Yones, pero cuando llegó el momento de actuar formalmente en el Centro Cultural Sampedrano, comenzó a sentir pavor.

    “Cállese, hombre. Le mandé un papel a Chico Saybe, que era el director de la obra, diciéndole que estaba enfermo, pero realmente lo que tenía era miedo”.

    Superada aquella crisis de nervios, subió al escenario, pero, aún así su esposa Ana María Pellman tenía que recordarle el guión, acostada debajo de un sofá.

    Después de no sabe cuántas obras más dejó el teatro porque simultáneamente tenía que atender su clínica particular, su trabajo de radiólogo en el Mario Rivas y la que, según considera, sigue siendo su segunda casa: la 105 Brigada.

    Siente que las visitas a la unidad militar más bien le han ayudado a reponerse de los efectos de aquellos pasajes dolorosos de su vida, el último de ellos a causa de una caída en el baño de su casa.

    “Me rompí la cabeza y prácticamente quedé muerto en el piso. Querían llevarme a operar fuera del país, pero la doctora Edna Miller intervino: Yo lo opero, pero en el Mario Rivas porque él es parte de este hospital”.

    Así fue. Cuatro años después, el médico de fatiga dice: “De aquí, de la 105 Brigada no me voy a menos que me jubilen otra vez o que me saquen muerto”.

    Militares llevan salud a lugares remotos

    Unas 210,000 personas han sido socorridas en todo el país por las 29 brigadas médicas llevadas a cabo este año por las Fuerzas Armadas, específicamente de la 105 Brigada militar, con sede en San Pedro Sula.

    El doctor Juan José Abastidas, encargado de estas misiones, reconoció la cooperación que, en tan noble cometido, han recibido las Fuerzas Armadas de instituciones como los Caballeros de Malta y Cepudo, así como del señor Enrique Vitanza Funes.

    Hasta lugares remotos de Choluteca y Olancho o de la frontera con Guatemala hemos llegado con cargamentos de medicamentos, expresó el doctor.

    Informó que hoy sábado asistirán a personas de escasos recursos económicos en la zona militar de El Progreso, Yoro.

    El comandante de la 105 Brigada, Mario Alberto Castillo, explicó que la institución militar no solamente trabaja en la protección de los bosques y el patrullaje de la frontera con Guatemala, sino en fomentar la sana recreación de los sampedranos.

    Para el caso, hay planes de repavimentar las calles internas de las instalaciones para que los sampedranos puedan llegar a trotar o pasear los domingos en un ambiente de completa seguridad, expresó.

    En cuanto al patrullaje en la frontera con Guatemala, manifestó que se lleva a cabo en forma conjunta con el ejército de ese país como parte de la Conferencia de Fuerzas Armadas y Ejércitos de Centroamérica, Cfac.