24/11/2025
04:25 PM

Olvidan los hornos donde fabricaron ladrillos de fortaleza

Perdidos entre la maleza, a la margen derecha de Río Coto, se encuentran tres hornos antiguos que deberían ser declarados monumento nacional por la importancia que revisten para el turismo y la historia del país.

Perdidos entre la maleza, a la margen derecha de Río Coto, se encuentran tres hornos antiguos que deberían ser declarados monumento nacional por la importancia que revisten para el turismo y la historia del país.

Se trata de los hornos donde se fabricaban los ladrillos con los cuales se construyó la fortaleza de San Fernando de Omoa y que constituyen uno de los encantos desconocidos de este paradisíaco lugar.

Río Coto desemboca su caudal de aguas claras en las playas comprendidas entre las aldeas Milla Tres y Milla Cuatro, los cuales se divisan desde la carretera que de Omoa conduce a la frontera con Guatemala. Justamente a la altura del restaurante Río Coto de ese sector, está el desvío que conduce a los hornos.

Una carretera de tierra poco transitada que corre paralela al río lleva al visitante hasta el lugar donde están los hornos, pero puede resultarle difícil encontrarlos si no lo guía algunos de los nativos del lugar. Es necesario cruzar el río para llegar hasta donde están las viejas estructuras construidas con los mismos materiales que está hecha la fortaleza.

'Es pura piedra de río, mezclada con ladrillo', dijo Cruz.

Un viejo tanque de agua que se observa desde la carretera de tierra puede servir de guía, pues cerca del mismo están los restos arqueológicos. Este y dos viejas casas de madera es lo que quedó de una hacienda que se llevó el huracán Fifí.

Se trata de tres bóvedas con los respectivos pozos donde se introducía la piedra caliza utilizada para la fabricación de los ladrillos, los cuales supuestamente eran trasladados a lomo de esclavos, hasta el lugar donde se construía el fuerte de San Fernando.

La materia prima la obtenían los españoles del cerro, al pie del cual se encuentran las estructuras, pues todo el lugar está lleno de piedra caliza, dijo Luis Cruz, quien vigila la propiedad.

Los hornos están hechos de un material similar al que forman las paredes del castillo, distante a unos cinco kilómetros del lugar.

Caminos empedrados

El empresario Carlos Arita, uno de los promotores del sitio, dijo que cuando su padre se estableció en ese sector encontró en el cerro Chichipate, frente a Río Coto, unos caminos empedrados que se fueron perdiendo con el tiempo, por donde se supone transitaban los trabajadores con los materiales hasta el fuerte de San Fernando.

El fuerte fue construido en la segunda mitad del siglo XVIII con la mira de defender las costas del norte contra los corsarios ingleses que perseguían el comercio hondureño.

Ese mismo cerro les servía como puerto de observación a los colonizadores para atisbar a los barcos corsarios que pretendían atacar las costas del Atlántico. Usando espejos hacían señales a los centinelas del fuerte para alertarlos sobre la presencia del enemigo, según dijo Arita. Desde el Chichipate se divisa toda la bahía de Omoa y hasta los Cayos Cochinos, por lo cual fue escogido por los españoles como su principal punto de observación.

Cascadas recónditas

Río Coto se desliza sin prisa sobre un lecho de piedras formando pozas que parecen albercas, por ello es muy apetecido por los moradores y foráneos, quienes se refrescan en sus aguas.

Dejando los hornos se puede continuar hacia el sur por la misma carretera de tierra y llegar a la aldea Betania, hasta donde es posible el tránsito en vehículo.

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Un lugareño de la comunidad de Betania salta sobre una de las cascadas del Río Coto.

El río es todo un reto para los amantes de la aventura que prefieren recorrerlo a pie contra la corriente, para llegar a dos inmensas cataratas que son un verdadero espectáculo natural.

Unos veinte minutos a pie puede durar el recorrido para llegar a las dos cascadas.

Son pocos los turistas que las visitan debido al lugar recóndito en

el cual se ubican. Por lo general, son los lugareños quienes se aventuran a llegar hasta ese punto para hundirse en las pozas, lanzándose desde lo alto de los peñascos.

Las cataratas y los hornos, son sitios que demuestran que Omoa no solamente es el castillo y sus playas, aunque éstos son sus principales atractivos, sino todo un entorno que también debe ser explotado como destino turístico, según dijo Arita.

Lamentó que hasta el momento las autoridades de turismo no se hayan interesado en mejorar el acceso a estos lugares, pese a que en reiteradas ocasiones diferentes sectores de Omoa así lo han solicitado.

Algunos turistas se han interesado en conocer los hornos, pero han desistido de hacerlo al ver que el acceso es complicado. Las estructuras parecen esperar dormidas a que algún antropólogo descifre todo el enigma que esconden.

La diversión no solamente está en las playas

Los atractivos de Omoa no solamente están en sus playas, también hay mucho turismo de aventura que explotar y sitios por descubrir, dijo el alcalde de este municipio, José David Chavaría.

Hay; además, centros privados para alejarse de las aguas saladas como el parque acuático San Fernando, poco antes de entrar a la ciudad.

Un recorrido por todo la jurisdicción que comprende Omoa es más fácil ahora que la carretera desde Puerto Cortés a la frontera con Guatemala está pavimentada, lo cual da oportunidad al turismo interno y externo de conocer lugares de interés como las comunidades garífunas de Masca y Cuyamel, dijo Chavaría.

Cerca de estas comunidades, al margen derecho de la carretera, se encuentra el parque ecológico San Ignacio con toda una variedad de especies animales para admirar, y entretenimientos para chicos y grandes.

En la comunidad de Masca existe una bella caída de agua que los nativos llaman 'Salto de Masca', a poca distancia de ésta tomando el rumbo a la cercana frontera con Guatemala. Para los amantes de la exploración se encuentra en ese mismo lugar las cuevas de Masca, los cuales encierran todo un misterio.

Omoa, además de diferentes atractivos históricos y naturales, le brinda la oportunidad de conocer nuestro rico folclor, a través de grupos de danza como el formado por estudiantes de diferentes edades en la aldea de Tegucigalpita, camino a la frontera con Guatemala.

Tegucigalpita es un apacible lugar en donde se puede visitar una serie de saltos de aguas rodeados de exuberante vegetación tropical. Lo que hace falta es mejorar las vías de acceso a algunos de estos sitios y desarrollar proyectos de electrificación, dijo el alcalde.

Manifestó que la municipalidad está trabajando en forma conjunta con la Cámara de Comercio para darle una mejor imagen a las playas municipales que se encuentra sucias, a través del Proyecto Costero Turismo Sostenible.

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Los toboganes atraen a chicos y grandes.