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'Estamos llamados a compartir la misión de Cristo”

  • Actualizado: 22 abril 2011 /

Ante miles de creyentes católicos, el cardenal Óscar Andrés Rodríguez Maradiaga celebró la santa eucaristía en el Santuario de Suyapa.

Ayer, Jueves Santo, que marca el final del tiempo de Cuaresma, más de 120 sacerdotes de la Arquidiócesis de Tegucigalpa celebraron la Misa Crismal, en la que, además de reafirmar votos de fe y fidelidad, se comprometieron ante la feligresía a recuperar el don de servicio que se ha perdido en la sociedad.

Ante miles de creyentes católicos, el cardenal Óscar Andrés Rodríguez Maradiaga celebró la santa eucaristía en el Santuario de Suyapa.

“Hoy se cumplen de manera especial estas palabras del Señor cuando nos reunimos, en la Misa Crismal, pastores y pueblo del Señor”, dijo el purpurado.

Recordó que “Cristo nos libra del pecado y por eso, el Evangelio proclama el tiempo de gracia y de misericordia en que Dios ofrece su perdón y su amor con la entrega de la vida del Señor Jesucristo.

De la misma manera, los sacerdotes ofrecemos el sacrificio de nuestra vida al renovar las promesas que hicimos el día memorable de nuestra ordenación sacerdotal. Cuando el obispo nos ungió las manos con el santo crisma y Jesucristo nos hizo partícipes de la misión que el Padre le encomendó”, recordó el máximo jerarca de la Iglesia Católica hondureña.

Manifestó que los santos óleos los llevarán los párrocos para hacer presentes durante todo un año los compromisos sacerdotales que han sido renovados.

Compromiso de fe

En la Misa Crismal se recuerda el día en que Jesús instituyó el sacramento de la eucaristía y el orden sacerdotal; los presbíteros de las ocho diócesis del país se unieron en una sola oración para predicar el Evangelio.

El acto religioso consagra el santo crisma, que es el óleo con que se ungen los sacerdotes el día que son ordenados, y a los demás miembros de la Iglesia cuando reciben los sacramentos del bautismo, primera comunión y la confirmación, pues es el signo del Espíritu Santo.

“Con la bendición de los santos óleos, y en particular del Santo Crisma, hoy queremos dar gracias de manera especial por la unción sacramental que se ha convertido en la porción de nuestra herencia; como nos dice el Salmo 15, es un signo de fuerza interior que el Espíritu Santo concede a todo hombre llamado por Dios al ministerio, ordenado al servicio de su reino” manifestó el cardenal. “El espíritu del Señor está sobre mí porque me ha enviado para anunciar las buenas noticias a los pobres”, añadió.

Llamado

El cardenal Rodríguez hizo un llamado a los sacerdotes. “Estamos llamados por la ordenación presbiteral a compartir la misión de Cristo. Oramos para que la fuerza sobrenatural que actúa a través de ellos dinamice incesantemente nuestra vida y que el Espíritu Santo que se ha posado en cada uno de nosotros encuentre la debida disponibilidad para cumplir la misión para la que fuimos ungidos el día de nuestra ordenación”, dijo.

Recordó a los religiosos que el Señor les impuso las manos para que se pusieran al servicio del amor de Dios porque quiere que sean instrumentos para servir, pues “Jesucristo quiere ejercer su sacerdocio por medio de nosotros”.

En el Antiguo Testamento, la unción es signo de asumir servicio, lo que significa que el profeta y el sacerdote dan más de lo que proviene de ellos mismos.