02/04/2026
07:36 AM

Entre llamas y llanto de recién nacidos

Por las noches se despoja del casco, las botas y otros implementos que utilizan los bomberos y se pone su vestimenta de enfermero.

Por las noches se despoja del casco, las botas y otros implementos que utilizan los bomberos y se pone su vestimenta de enfermero para auxiliar a las mujeres que llegan a dar a luz en el hospital Materno Infantil de San Pedro Sula.

Rigoberto Martínez ha estado en peligro en muchas ocasiones porque como suboficial de bomberos debe estar en la primera línea de los combates contra los incendios. Como enfermero, no recuerda cuántas criaturas ha traído al mundo.

Cuando llegamos a la estación de bomberos tuvimos que esperar unos minutos, pues el sargento Martínez acababa de salir de su turno en el centro hospitalario y era necesario que se cambiara de uniforme para integrarse al equipo de bomberos.

Martínez se convirtió en bombero presionado por las limitaciones económicas, pero una vez que experimentó las emociones de contribuir a salvar vidas y bienes, se dio cuenta de que eso era lo suyo.

“Lo que me impulsó a trabajar en los bomberos fueron los problemas económicos que tenía en esa época en Mezapa, donde vivía con mi familia. Un día mi hermano, que vivía en San Pedro, me llamó y me preguntó si quería trabajar, pero nunca me explicó de qué se trataba, me di cuenta hasta que llegué a la ciudad y me dieron mi uniforme de bombero”.

Confesó que se quedó trabajando porque le ofrecieron 345 lempiras al mes, “tenía años de no ver un billete de cien. En mi antiguo trabajo de sastre sólo ganaba dos lempiras diarios y por eso acepté el trabajo. Sin embargo, hoy creo que no cambiaría esta profesión por ninguna otra”.

Su otra pasión

Mientras brindaba primeros auxilios como miembro del Cuerpo de Bomberos se despertó en él su interés en la enfermería. “Me di cuenta de que se podía hacer mucho más que apagar fuego y decidí matricularme en la escuela de enfermería, que en ese entonces funcionaba en el hospital Leonardo Martínez”.

“La enfermería nació en mí como mi deseo de ser bombero porque en ambos casos trabajamos para la comunidad. Cuando vemos la angustia que sufren las personas en un incendio o accidente es urgente dar atención médica; quisiéramos hacer más de lo que podemos para salvar una vida”.

No todo fue fácil para Martínez, ya que cuando estaba a mitad del curso fue obligado a retirarse por la maestra de la escuela de enfermería. “Casi lloro el día que me informaron que tendría que retirarme de la escuela porque no había cursado los primeros años de colegio. Era necesario para mi formación haber terminado el tercer año de educación media”.

Pero rendirse nunca fue una opción de Rigoberto en los momentos difíciles. Decidió estudiar en Educatodos, una escuela para alumnos de avanzada edad, donde culminó no sólo plan básico, sino que se graduó de bachiller en Ciencias y Letras y un mes después recibió su diploma de enfermero auxiliar.

“Fue muy dificil, ya que trabajaba como bombero en las noches y por la mañana estudiaba enfermería, mientras que los fines de semana los dedicaba al colegio”, expresó el entrevistado.

Recordó que en una ocasión, mientras atendía un parto, creyó que todo había terminado cuando salió el recién nacido, pero al ver que seguía abultado el vientre de la parturienta continuó la labor y resultó que eran gemelos.

El multiusos

Desde niño tuvo que trabajar para enfrentarse a la dificil situación económica de sus padres. Toda su familia se dedicaba a la agricultura y el dinero no les alcanzaba para pagar una educación media. Por eso, al salir de sexto grado se inscribió en un taller de costura y dedicó nueve años de su vida a ejercer este oficio.

Esos conocimientos le siguen sirviendo como bombero. Recordó que en una ocasión el comandante Alfonso Medina lo mandó a llamar porque la trabajadora de su casa le quemó el pantalón del uniforme mientras planchaba, así que puso en práctica sus habilidades de sastre y “en un zas la prenda quedó reparada”.

Por ser un experto en brindar primeros auxilios lo buscan para que imparta cursos sobre el tema en algunas universidades de la ciudad.

También enseña a los nuevos bomberos y a los voluntarios técnicas de rescate y conocimientos de enfermería. “Les enseño a atender partos, vendar y suturar a los heridos, entre otras cosas”.

Ser bombero, enfermero y sastre no lo es todo. En toda su vida ha sacado más de noventa cursos de todo un poco. “También aprendí el oficio de la balconería y de electricidad. La instalación eléctrica que tiene la estación de bomberos la puse yo. Mi hoja de vida es del grosor de un cuaderno. Me encanta aprender cosas nuevas”.

Sus compañeros de trabajo le dicen el multiusos, ya que cuando hay algo que reparar en la estación siempre llaman al sargento Martínez para que llegue a resolver la situación.

Cuando se le consultó cuál de sus profesiones le gustaba más, una leve sonrisa se dibujó en su rostro y frunció su ceño, “¡ay!, me meten en aprietos. No podría escoger entre ser bombero o enfermero porque ambos trabajos me encantan”.

Ya le ha tocado actuar entre los dos trabajos, como cuando estaba brindando asistencia en el Materno Infantil y se produjo un conato de incendio en el hospital. Todos llamaron a Rigoberto para que sometiera las llamas, sabiendo que también es bombero. “Cuando mis compañeros llegaron yo estaba con una manguerita de jardinería tratando de apagar el fuego”. Al final se conjuró el peligro y Martínez continuó con su trabajo de enfermero.

“Me hace falta más por aprender”

En sus 49 años de vida, Rigoberto Martínez ha logrado obtener un amplio legado de conocimientos, pero aún tiene muchas cosas que aprender y sueños que hacer realidad, según dijo.

Para el caso, entre sus planes está sacar un curso como técnico en medicina forense. En algunas ocasiones le ha tocado preparar los cuerpos inertes de familiares de amigos. Sin embargo, en estos momentos dedica por completo su tiempo y esmero a sus labores de enfermero y bombero.

Para él, la vida es un constante aprendizaje, “hay muchas cosas que todavía me quedan por aprender”, confiesa.

Su vida siempre ha estado llena de retos que ha logrado superar a pesar de las adversidades.

“Creo que el hambre a uno lo hace aprender cosas nuevas”.

Manifestó que también le gustaría entrar en la Universidad a estudiar la carrera de Medicina y sacar una especialidad en cirugía o ginecología, pero su mayor dificultad en este momento es el poco tiempo libre que le queda entre los apretados horarios de sus dos trabajos. “Me hubiera gustado estudiar Medicina, pero la carrera es muy larga y exige mucha dedicación”.

“La mejor enseñanza que obtuve de mis padres es el trabajo y el espíritu de superación”.

Martínez demostró que nunca es tarde para comenzar a construir un sueño, pues tenía 39 años cuando empezó sus estudios de enfermería.