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El oro de El Corpus

  • Actualizado: 15 noviembre 2009 /

En medio de los frondosos árboles, el sonido del viento se mezcla con el de un motor. Lejos de sorprendernos, el metálico quejido nos alegra porque significa el fin de la caminata.

En medio de los frondosos árboles, el sonido del viento se mezcla con el de un motor. Lejos de sorprendernos, el metálico quejido nos alegra porque significa el fin de la caminata. Hemos venido en busca de los nuevos molinos de rastra, una versión moderna de los antiguos molinos utilizados por los mineros españoles en su incansable persecución del más preciado metal que el hombre ha conocido: el oro.

Estamos en medio de verdes montañas. El clima es fresco y seguramente por las noches la temperatura debe bajar cerca de los diez o doce grados centígrados en esta parte del departamento de Choluteca. Así es, Choluteca.

Para quien no conoce la historia de Honduras, quizá suene un poco difícil de creer, pero Choluteca y Valle no son sólo calor y ganado, meloneras y camaroneras. Ambos departamentos políticos guardan en sus entrañas ricas vetas de oro y plata y es aquí, en El Corpus, donde se asientan minas que son trabajadas a diario tanto por mineros con técnicas de avanzada como por artesanos. El Corpus es un pueblo minero desde la época colonial.

Nuestro primer contacto fue Gerardo Flores, gerente general de Cerros del Sur, compañía norteamericana que trabaja en la mina de Clavo Rico, quizá la más antigua de la zona (existen registros desde mediados del siglo XIX). Gerardo nos atendió para darnos una amplia explicación del proceso y la importancia de la minería en la comunidad y Honduras. Gracias a su charla, hemos logrado entender las diferencias entre la minería especializada y la artesanal.

Los mineros artesanos son los que más extraen minerales en El Corpus. Los artesanos arrancan pequeñas brozas dentro de las minas y las embolsan para bajarlas en carro a media montaña, donde los esperan molinos de rastra, llamados así, tal vez, porque antiguamente eran movidos por la fuerza de bestias de trabajo.

La broza se mezcla con agua y “azogue” (casi mercurio) y es vaciada en pilas circulares donde es triturada por grandes piedras que giran movidas por un motor eléctrico. Tras dos horas, la broza ha sido reducida a un espeso lodillo que se acumula en el fondo de la pila. Unidos por la magia de la química, el oro, la plata y el mercurio se vuelven más pesados y son fácilmente detectados. Un trabajo rudo, interminable y lento.

¿Cuánto vale un gramo de oro en estas montañas? Por lo que nos contaron los mineros, el precio es gobernado no tanto por los costos locales de producción, sino por el valor en los mercados internacionales y las bolsas de valores. Ahora, el precio ha subido y un gramo cuesta cuatrocientos lempiras.

El Corpus es un pueblito detenido en el tiempo donde el oro sigue siendo, desde la época colonial, la principal fuente de trabajo de sus habitantes. Un pueblo limpio y próspero en que las calles empedradas se pintan de musgo gracias el frío clima de sus montañas. Un buen lugar para conocer durante las próximas festividades dicembrinas de Ferisur, la gran Feria del Sur en un departamento donde todo lo que brilla es oro.