La dramática lucha misquita por el reclamo de sus tierras

Los miembros de la etnia reclaman el derecho ancestral de su territorio.

Más de 16 personas, la mayoría niños, duermen bajo una pequeña carpa de nailon y lona. <br/>
Más de 16 personas, la mayoría niños, duermen bajo una pequeña carpa de nailon y lona.

PUERTO LEMPIRA.

En un terreno baldío, al lado del presidio de Puerto Lempira y frente a la casa de gobernación, el viento tambalea con fuerza dos pequeñas carpas de nailon y lona, sostenidas sobre ramas y delgados tablones.

En su interior hay misquitos que se ubicaron en ese lugar como señal de protesta para exigir que les otorguen una titulación de territorio y que se evite que personas de otras partes del país que han llegado, según ellos, en los últimos tiempos, invadan terrenos donde viven comunidades misquitas.

Cuando pasa la ventisca, del interior de las inestables carpas, que están separadas por unos cuantos metros una de la otra, salen más de 30 personas, la mayoría de ellos son niños muy pequeños.

233 caseríos hay en Puerto Lempira, según revelan los registros del Censo de Población elaborado por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE).

Al poco tiempo, unas mujeres encienden unos leños que están en medio de bloques en una improvisada estufa.Sobre el fuego ponen grandes ollas, aunque al abrirlas se tiene que mirar hasta el fondo para encontrar qué es lo que cocinan, pues los trastos están prácticamente vacíos, apenas hay algo de alimento en ellos.

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Sin embargo, de esa pequeña cantidad tendrán que hacer milagros y lograr que todos puedan comer o al menos sentir el sabor de alimento para engañar al estómago un día más.
Al acercarse a las carpas se puede observar que en su interior no hay más que algunas pocas tablas. “Tenemos tres meses de estar aquí. Peleamos por los derechos de los misquitos”, fue todo lo que pudo decir con mucha dificultad una de las mujeres, ya que prácticamente no hablan español, solo misquito.

73%
de los hogares los hogares de Puerto Lempira tienen como principal fuente para cocinar la leña, revela el Censo Nacional de Población y Vivienda del INE.

Tras pedirle a una persona que ayudara como traductor, “María”, una de las mujeres misquitas que vive en la carpa, contó que para dormir, junto con más de 20 niños, ponen bolsas en el suelo y solo eso evita que vivan directamente en la tierra.

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Una misquita cocina en una gran olla, pero casi vacía.

Ahí, todos juntos, soportan calor, frío, polvo y lluvias.Así protestan ellos, es la dramática lucha de los misquitos por el reclamo ancestral de sus tierras.Así como en Puerto Lempira, la semana pasada, en Tegucigalpa varios misquitos mantenían una protesta, pero regresaron a sus hogares luego de que en el Consejo de Ministros se aprobó un decreto para el saneamiento del territorio de La Mosquitia.

Se denomina Mosquitia hondureña a la región que abarca territorios donde viven miembros de esta etnia, aunque ningún departamento o municipio tenga tal nombre.

Las denuncias de los misquitos sobre invasión de tierras de personas de otras partes del país tienen su fundamento, pues los registros del municipio indican que el 1.3% de la población actual de Puerto Lempira hace solo cinco años vivía en otro lugar del país.

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Los misquitos exigen la titulación de sus tierras ancestrales.
La Prensa