El Merendón, un centinela que vela por San Pedro Sula

Es uno de los lugares que enorgullecen a los sampedranos.

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Durante el recorrido por la cordillera se disfruta de una infinidad de encantos. Todo es agradable, desde el aire que se respira hasta la amabilidad y calidez de su gente.

San Pedro Sula, Honduras

Sencillamente espectacular resulta un paseo por los vericuetos de la montaña de El Merendón que se impone como un gran centinela velando por la Ciudad Industrial. Adentrarse en su laberinto es descubrir un mundo lleno de encantos formado por paisajes que se abren espléndidos al paso del visitante. Disfrutar de un paseo por algunas aldeas enclavadas entre su floresta puede llevarle unas tres horas en un pick up.

A 45 minutos, entrando por el municipio de Cofradía, en el departamento de Cortés, se llega a la primera comunidad de las 43 que hay en la zona; pero durante el viaje se puede disfrutar de la maravillosa y abundante flora que este segmento de la montaña ofrece. Sus frondosos bosques, hogar de innumerables especies, y su clima fresco son algo que los turistas no podrán olvidar.

A una altura de 1,200 metros sobre el nivel del mar se encuentra la aldea Buenos Aires, con una población no mayor de 500 personas. En esta comunidad se encuentra el camino para llegar al Parque Nacional Cusuco, una de las áreas protegidas más ricas en biodiversidad de Honduras. Desde Buenos Aires a la zona núcleo del parque y punto de partida de los senderos hay cinco kilómetros.

La venta de comida tradicional en los comedores del lugar atrae la atención de los visitantes. Deténgase ahí un momento para apreciar una incomparable vista de los cultivos de café que mueven la economía de sus habitantes.

Más adelante, a media hora por un camino de tierra, se llega a Tomalá, una de las comunidades más grandes, con una población de más de 600 personas.

Lo que caracteriza a esta aldea es la amabilidad y humildad de su gente, pues a los visitantes los tratan como si fuesen conocidos. La iglesia de la comunidad es de una belleza sencilla. Está ubicada en el centro de la aldea, su construcción data de los años 50. En un principio fue de adobe, manifestó uno de los ancianos de esa comunidad, luego se reconstruyó; sin embargo, no alteraron el diseño.

Otro de los atractivos de El Merendón es el tranquilo río que cruza por Tomalá, conocido por los pobladores como el río Cusuco. Sus aguas cristalinas invitan a zambullirse en ellas y disfrutarlas, pero su baja temperatura hace pensarlo dos veces. De regreso a la ciudad por otro camino se pasa por comunidades como Naranjito, El Gallito y San Antonio del Perú. Se pueden ver los campos floridos de hortensias y otras plantas que adornan las vastas tierras con variados calores.

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