Treinta años del divorcio de Carlos y Diana, que puso fin al cuento de hadas
Tres décadas después del divorcio de Carlos y Diana, el final de su matrimonio sigue marcando la historia de la familia real británica.
- Actualizado: 01 de septiembre de 2026 a las 12:09 -
El 31 de agosto se conmemoró el 29 aniversario del fallecimiento de la princesa Diana y el 28 de agosto se cumplieron 30 años del sonado divorcio de Diana de Gales y el ahora rey Carlos III, un trámite que puso fin al simulacro de un cuento de hadas y empujó a la princesa a abrazar una dolorosa libertad que apenas pudo disfrutar durante un año.
Después de los escándalos que rodearon la relación de Carlos y Diana, el palacio de Buckingham, residencia oficial de la familia real, comunicó el 28 de agosto de 1996 que el Tribunal Superior de Londres había emitido el “decreto absoluto” que daba por extinguido el matrimonio real, iniciado con toda pompa el 29 de julio de 1981.
Tres décadas después, la monarquía se ha adaptado a unos nuevos tiempos en los que el divorcio ya no es tabú para las realezas europeas. Y aunque la figura de Diana sigue presente en algunas tiendas de recuerdos a través de su imagen en tazas o postales, queda ya lejana para las nuevas generaciones.
La pareja estaba separada desde 1992:
La ruptura entre Carlos y Diana no fue una sorpresa, ya que la pareja estaba separada oficialmente desde diciembre de 1992, cuando el entonces primer ministro británico John Major lo comunicó al país en una declaración en la Cámara de los Comunes. Major dejó muy claro que el desenlace no alteraba los derechos sucesorios del actual monarca.
El punto de no retorno llegó a finales de 1995, cuando Diana se sentó ante las cámaras del programa “Panorama”, de la BBC, con rostro apesadumbrado, para revelar abiertamente por primera vez lo que con el tiempo se convirtió en una frase mítica: “éramos tres en este matrimonio, por lo que estaba un poco concurrido”.
La princesa se refería a la relación extramarital que el entonces príncipe Carlos mantenía desde hacía años con Camila Parker Bowles, el gran amor de su vida y ahora la reina consorte. Pero oír a Diana expresarlo de ese modo en horario de máxima audiencia fue como si dinamitara los cimientos de la institución y, de hecho, provocó un escándalo nacional.
Diana, la princesa que el pueblo británico adoraba y que aparecía casi a diario en las portadas de los periódicos, tenía el corazón roto porque —como dijo en su día, según los medios, su gran amiga brasileña Lúcia Flecha de Lima— la princesa nunca dejó de querer al heredero de la Corona.
Ante el gran revuelo por las confesiones de la princesa, la reina Isabel II entendió que la “tregua” entre Carlos y Diana era insostenible e instó formalmente a la pareja a tramitar el divorcio.
El acuerdo final, alcanzado tras meses de ásperas negociaciones legales, supuso un alto precio para la princesa: obtuvo una compensación económica de 17 millones de libras (casi 20 millones de euros) y mantuvo su residencia en el palacio de Kensington (Londres), pero perdió el tratamiento de Su Alteza Real.
A partir de entonces, pasó a ser formalmente Diana, Princesa de Gales. Así, fue despojada del estatus que la vinculaba por dinastía a sus dos hijos, los príncipes Guillermo (actual heredero) y Enrique. Lo que la “Firma” (como se conoce a la monarquía británica) no calculó fue que, al despojarla de sus títulos, agigantó su mito.
Libre de las cadenas del protocolo real, Lady Diana —hija del conde Spencer— se entregó por completo a su labor humanitaria, mostrando una gran empatía hacia las personas más vulnerables. Hasta se la vio caminando entre minas antipersonas en Angola, donde hizo campaña para que se prohibieran estos artefactos explosivos. Dondequiera que fuera, Diana deslumbraba con su calidez, cercanía y belleza física, pero esa libertad de movimientos apenas duró un año y tres días.
En la madrugada del 31 de agosto de 1997, Diana perdió la vida en un accidente bajo un puente en París, mientras huía de los paparazzi que la perseguían a toda velocidad en motocicletas.
Por aquella época, la princesa mantenía una relación sentimental con Dodi Al Fayed, uno de los productores de la célebre película “Carros de fuego”, e hijo del entonces dueño de los grandes almacenes Harrods, el egipcio Mohamed Al Fayed.
El profesor Robert Hazell, del Departamento de Ciencias Políticas del University College London, dijo a EFE que la principal dificultad para la monarquía tras el divorcio de Carlos y Diana fue que “la prensa mantuvo un intenso interés en ella” y que seguían publicando historias que contraponían a Carlos y Diana, en las que él siempre quedaba eclipsado. “El palacio intentó marcar distancias despojando a Diana del título de Su Alteza Real, pero las noticias continuaron. Aunque no podían expresarlo públicamente, debió de suponer un alivio cuando Diana desapareció de la escena pública”, concluyó.
La foto, estatua de Diana de Gales con sus dos hijos en los Jardines de Kensington Palace en Londres, Reino Unido.