29/04/2026
06:27 PM

Manifestaciones diacrónicas

    No siempre los usuarios populares de la lengua descifran a conciencia las frases que leen o escuchan. Las leen, sí, es posible que hagan esto, pero también es posible su incursión en erróneas apreciaciones por deformaciones verbales. Aunque la persistencia de los hablantes ha llegado a convertir palabras equivalentes a otros conceptos, no está por demás recordar que al momento de leer un buen contenido se puede caer en equívocos.

    'Pensé que era un lapsus aquella propuesta'. 'La exposición fue ofrecida en un lapso de dos horas'. Lapsus es sinónimo de error, equivocación, falta; lapso es un espacio de tiempo, es un período. Estas dos palabras tienen la misma etimología, sin embargo, sus usos están claramente delimitados. Tampoco se puede caer en la reiteración 'lapso de tiempo' porque hay una sinonimia muy relativa entre ambos términos: lapso equivale a tiempo.

    No está mala la matización de las palabras con el correr del tiempo; esto es inevitable. La coloquialidad masiva ha dado lugar a que la palabra 'ente' -del latín ens, entis, ser- que originalmente significa 'lo que es, existe, o puede existir' se convierta ahora en sinónimo de organismo, corporación, institución. Estos últimos nombres entran en el campo semántico de las 'entidades'. Aunque en latín, entidad y ente tienen diferencia de significado, en algún contexto se manejan como sinónimos. Entidad en su primer significado es cualquier colectividad considerada como unidad, por ejemplo una corporación, institución, compañía; en filosofía es la esencia, lo íntimo de una cosa. Pero para no abusar de 'ente' lo ideal es aplicar sus sinónimos.

    Hay una construcción que está bastante de moda en el castellano mediático: de cara a. No es comprensible el porqué de querer atiborrar una idea si lo importante es dar más accesibilidad al lector en la decodificación del mensaje. 'Estamos preparados de cara a los juegos de Beijing', con la idea de estar preparados para ese encuentro mundial. En este enunciado hay un olvido de la preposición 'para' en su función de finalidad; se ha confundido con 'de' y de paso la decoran con 'cara'. No es incorrecto el empleo de esa frase si se refiere a un 'frente a, al frente', por ejemplo: 'Estamos de cara a los juegos de Beijing' es propio en el caso de estar allá, en la contienda, participando en las actividades deportivas.

    Parece que la inflación llega hasta las lenguas. Una de las características del español nuestro, actual, es la paulatina eliminación de algunas categorías gramaticales y sintagmas. 'Las tarjetas van a ser entregadas en administración', 'Ése es problema de Finanzas', 'El profesor ya entregó las notas a Registro' son claros ejemplos; en el primero falta el artículo 'la administración', en el segundo, 'Secretaría de', en el último ejemplo se nota la ausencia de 'oficina de'. Esto es, en apariencia, economía del lenguaje; otros dirán galbana o negligencia del dicente, del hablante o del escribiente. Eliminar estas formas no es lapidación significativa, pero sí se podría dar lugar a la intrascendencia de ciertos títulos.

    Hablar con eficiencia es hacerlo con capacidad. Y a propósito de eficiencia, en el próximo comentario haremos un análisis sobre eficiencia y eficacia, sobre eficiente y eficaz.