“No te lo tomes a mal, sólo te comento los errores que tuviste y que te pueda ser útil para mejorar tu trabajo”, “tal vez si fueras un poco más sutil o reservada, causarías mejor impresión”, “te digo lo que creo aunque te enojes, porque me importas”.
Aunque las frases anteriores pueden parecer agresivas, sin duda representan una observación y demuestran el interés que otros tienen en ayudarnos a mejorar.
Sin embargo, la realidad de la crítica, incluso cuando es constructiva, es que a nadie le gusta recibir comentarios y correcciones porque ponen en evidencia los errores que, sin habernos percatado, podemos cometer.
Apoyo
Por difícil que pueda parecer, la crítica constructiva no sólo ayuda a desarrollar valores como lealtad, honestidad, respeto, amistad y amor, sino que demuestra verdadera iniciativa de una amiga, una pareja, una madre o un jefe por hacerle ver a la mujer aquello que puede resultar perjudicial y ayudarle a mejorar o hacer un cambio positivo.
Pero aceptar una crítica está más allá de la confianza, pues con frecuencia ella tiende a pasar por alto las recomendaciones no sólo cuando considera que son irrelevantes, sino que las toma como una ofensa cuando además no fueron solicitadas.
El problema de no aceptar la crítica constructiva radica en la propia apertura que cada mujer tiene a lo que quiere escuchar y no a lo que realmente necesita saber, haciéndose del orgullo o la soberbia para estar a la defensiva. Por ello es importante evaluar el vínculo o la cercanía que mantiene con cada una de las personas que la rodean.
De igual modo, la autoestima de cada mujer tiene un papel determinante.
La psicóloga Paulette Parchmont comenta que si ella tiene buena autoestima será capaz de aceptar las críticas y tomar lo mejor de ellas para crecer, pero si éstas afectan profundamente los sentimientos, se puede deducir que existe un problema.
“Si las críticas afectan, en vez de ayudar, es porque ya existía un problema relacionado con la autoestima de quien recibe la crítica, el cual le impide asimilar el mensaje que le trasmiten”, afirma Parchmont.
Así, escuchar “sólo lo que queremos” representa un mecanismo de defensa que hace difícil la apertura a los comentarios.
“Voy a escuchar lo que quiero porque me hace sentir segura y tranquila” es el argumento que, según la experta, cierra la comunicación, pero hay que tener en cuenta que los excesos, incluso cuando intentamos defendernos, pueden alejarnos de la realidad.
También el concepto erróneo de la crítica influye en cómo la recibimos y la asimilamos, dice la experta, “hay que darse cuenta de que no somos perfectas, pero escuchar lo que el otro tiene que decir puede ayudar a cualquier mujer a mejorar sus acciones y construir un buen juicio”. Además, la apertura es una señal de la fuerza y seguridad que una mujer tiene de misma.
Cambio de actitud
Saber aceptar lo que los demás tengan que decir no sólo implica ser responsables, sino que exige trabajar en uno mismo para afianzar las cualidades que cada una posee.
Recibir una crítica positivamente refleja humildad, por lo que en lugar de inventar excusas o mantenerse a la defensiva, hay que analizar detenidamente el porqué de las palabras que se reciben.
De igual forma se necesita ser autocríticos, conocer los pros y contras, razones y objetivos que están detrás de cada una de las acciones y entender que escuchar servirá para ver “más allá” y ser más maduras.
Frente a una crítica, ya sea que se reciba o se emita hacia otra persona, primero hay que examinarse con el mismo rigor y criterio, pues se puede estar en una postura en que el derecho de dar un juicio puede resultar contradictorio y además, para ayudar a los demás, uno debe ser el primero en mejorar.
También hay que poner mucha atención a lo que verdaderamente se quiere decir, cuestionar las intenciones, sentimientos y el estado de ánimo antes de pronunciar palabra, descubrir lo bueno que tienen las personas y las circunstancias por encima de los defectos, hablar de los hechos y no hacer suposiciones.