Suerte que viniste, Moya, tenía mis dudas que vinieras, porque este lugar no le gusta a mucha gente en esta ciudad, hay gente a la que no le gusta para nada este lugar, Moya, por eso no estaba seguro si vos ibas a venir, me dijo Vega.
A mí me encanta venir al final de la tarde, sentarme aquí en el patio, a beber un par de whiskis, tranquilamente, escuchando la música que le pido a Tolín, me dijo Vega, no sentarme en la barra, allá adentro, mucho calor en la barra, mucho calor allá adentro, es mejor aquí en el patio, con un trago y el jazz que pone Tolín.
Es el único lugar donde me siento bien en este país, el único lugar decente, las demás cervecerías son una inmundicia, abominables, llenas de tipos que beben cerveza hasta reventar, no lo puedo entender, Moya, no puedo entender cómo esta raza bebe esa cochinada de cerveza con tanta ansiedad, me dijo Vega, una cerveza cochina, para animales, que sólo produce diarrea, es lo que bebe la gente aquí, y lo peor es que se siente orgullosa de beber una cochinada, son capaces de matarte si les decís que lo que están bebiendo es una cochinada, agua sucia, no cerveza, en ningún lugar del mundo eso sería considerado como cerveza, Moya, vos lo sabés como yo, ése es un líquido asqueroso, sólo lo pueden beber con tal pasión por ignorancia, me dijo Vega, son tan ignorantes que beben esa cochinada con orgullo, y no con cualquier orgullo, sino con orgullo de nacionalidad, con orgullo de que están bebiendo la mejor cerveza del mundo, porque la Pílsener salvadoreña es la mejor cerveza del mundo, no una cochinada que únicamente produce diarrea como pensaría cualquier persona en su sano juicio, sino la mejor cerveza del mundo, porque esa es la primera y principal característica de los pueblos ignorantes, consideran que su miasma es la mejor del mundo, son capaces de matarte si les negás que su miasma, que su mugrosa cerveza diarreica, es la mejor del mundo, me dijo Vega.
¿Moya, Vega o Bernhard?
¿Quién habla en 'El asco'? En las primeras páginas de la novela el autor incluye una advertencia: 'Edgardo Vega, el personaje central de este relato, reside en Montreal bajo un nombre distinto -un nombre sajón que tampoco es Thomas Bernhard'.
Pero a esta hora de la tarde este bar me gusta, Moya, es el único sitio al que puedo venir, donde nadie me molesta, donde nadie se mete conmigo, me dijo Vega. Por eso te cité aquí, Moya, La Lumbre es el único lugar de San Salvador donde puedo beber, y un par de horas nada más, entre cinco y siete de la tarde, tan sólo un par de horas, después de las siete este sitio resulta insoportable, el lugar más insoportable que pueda existir por el ruido de los grupos de rock, tan insoportable como las cervecerías llenas de tipos que beben con orgullo su cerveza sucia, me dijo Vega, pero ahora podemos hablar con tranquilidad, entre cinco y siete no nos molestarán.
He venido a este lugar ininterrumpidamente desde hace una semana, Moya, desde que lo descubrí vengo todos los días a La Lumbre, entre cinco y siete de la tarde, y por eso decidí verte aquí, tengo que platicar con vos antes de irme, tengo que decirte lo que pienso de toda esta inmundicia, no hay otra persona a la que le pueda contar mis impresiones, las ideas horribles que he tenido estando aquí, me dijo Vega. Desde que te vi en el velorio de mi mamá, me dije: Moya es el único con el que voy a hablar, nadie más de mis compañeros de colegio apareció por la funeraria, nadie más se acordó de mí, ninguno de los que se decían mis amigos apareció cuando mi vieja se murió, sólo vos, Moya, pero quizás haya sido mejor, porque en realidad ninguno de mis compañeros de colegio fue mi amigo, ninguno volvió a verme luego que acabamos el colegio, mejor que no hayan aparecido, mejor que al velorio de mi mamá no haya llegado ninguno de mis ex compañeros, excepto vos, Moya, porque odio los velorios, odio tener que estar recibiendo condolencias, no hallo qué decir, me molestan esos desconocidos que llegan a abrazarte y se sienten como tus íntimos nada más porque tu madre ha muerto, mejor que no hayan llegado, odio tener que ser simpático con gente a la que no conozco [...]
Léase primero
Para los puritanos, tómese en todos los sentidos posibles, la literatura de Horacio Castellanos Moya es satánica, y es que este honduro-salvadoreño pone el dedo en la llaga sin remilgos. Moya es uno de los escritores contemporáneos de Centroamérica más importantes, aunque sus libros sean un trago amargo para quienes abren sus bocas sedientas de libracos de autosuperación, ni para los amantes de historias bonitas, ni para los que sufren atrofia intelectual o para quienes huyen de los libros 'difíciles'.
En su segundo número, mimalapalabra ofrece un fragmento de 'El asco', un monólogo para leer sin detenerse, como si estuviéramos en el bar La Lumbre frente a Edgardo Vega, un salvadoreño que llega a San Salvador al entierro de su madre, pero que destapa la 'lata de gusanos' de la sociedad salvadoreña; un panorama violento, vomitivo, deprimente e hipócrita que bien podría aplicarse a estas honduras y sus hundidos.
Para no confundirse
'En ‘El asco’ el lector, en general, no repara en los aspectos literarios, de la construcción de personajes, de la trama... sino que se concentra en los aspectos que le parecen más sensibles en cuanto a su manera de ver el mundo. No piensa en literatura', expresó Castelllanos Moya en una entrevista.
De su Bibliografía ¿Qué signo es usted, niña Berta?, 1988; La diáspora, 1988; Perfil de prófugo, 1989; El gran masturbador, 1993; Con la congoja de la pasada tormenta, 1995; Baile con serpientes, 1996; El pozo en el pecho, 1997; El asco, 1997; La diabla en el espejo, 2000; El arma en el hombro, 2001; Donde no estén ustedes, 2004; Insentatez, 2004 y Desmoronamiento, 2006.
Recursos y premios
• Página en internet: http://sololiteratura.com/hor/horprincipal.htm.
•• ¿Volverá alguna vez a El Salvador?
'En una cena en Barcelona, el escritor peruano Santiago Roncagliolo me contó que durante su gira de promoción del Premio Alfaguara visitó El Salvador, que en una entrevista dijo que yo era el único escritor salvadoreño al cual había leído y que las personas con quienes trató reaccionaron con virulencia y le advirtieron que no me mencionara más, que a mí se me detestaba en el país.
¿Le parece sensato ir a un lugar así?'.
La Prensa Gráfica, abril 2007.
Bolaño opina
El autor chileno Roberto Bolaño escribió sobre Moya:
'La primera persona que me habló de Castellanos Moya fue el escritor guatemalteco Rodrigo Rey Rosa, después de comernos una paella en Blanes en compañía del crítico español Ignacio Echevarría. La segunda persona que me habló de él fue Juan Villoro... Por supuesto, intenté buscar, sin mucha esperanza, sus libros en dos librerías de Barcelona y tal como era previsible, no los encontré. Poco después recibí una carta del mismísimo Castellanos Moya y a partir de entonces mantenemos una correspondencia irregular y melancólica, por mi parte teñida además de admiración por su obra, que poco a poco ha ido engrosando mi biblioteca. Hasta ahora he leído cuatro de sus libros. El primero fue ‘El asco’, tal vez el mejor de todos, el más crepuscular, una larga perorata en contra de El Salvador y por el cual Castellanos Moya recibió amenazas de muerte que lo obligaron a partir, una vez más, al exilio [...]'.
'Horacio Castellanos Moya: la voluntad de estilo'.
Biografía
Horacio Castellanos Moya nació el 21 de noviembre de 1957 en Tegucigalpa, Honduras; hijo de madre hondureña y padre salvadoreño. Entre los cuatro y cinco años de edad es llevado a San Salvador, donde vivió hasta 1979, período en el cual también abandona sus estudios de literatura. Tras su salida del país dio a conocer su antología poética 'La margarita emocionante', donde compiló trabajos de seis poetas, entre ellos Mario Noel Rodríguez, Miguel Huezo Mixco y él mismo.
Residió durante medio año en Toronto, Canadá, en cuya York University cursó estudios históricos y de áreas comunes. Volvió a San Salvador y laboró de marzo a julio de 1980 en la Universidad Nacional. De agosto de 1980 a septiembre de 1981 se desempeñó como corrector de pruebas en la Editorial Universitaria Centroamericana, Educa, de San José, Costa Rica. El 18 de septiembre de 1981 llegó a la ciudad de México, donde permaneció por una década y fungió como redactor en la Agencia Salvadoreña de Prensa, Salpress.
Entre septiembre de 1986 y enero de 1987 se trasladó a Tlayacapa, Cuernavaca, donde escribió su primera novela, 'La diáspora'. Con esta obra ganó el Premio Nacional de Novela 1988, patrocinado por la Universidad Centroamericana 'José Simeón Cañas'. Al finalizar el período bélico salvadoreño regresó a San Salvador a participar en la fundación del primer medio impreso de la posguerra: el semanario Primera plana, el cual se publicó entre 1995 y 1996. En 1997 decide dejar El Salvador, tras recibir amenazas de muerte por la publicación de 'El asco'. Residió por un tiempo en Frankfurt, gracias al programa Ciudad Refugio y ahora se convierte en el segundo escritor que se acoge al programa Cities of Asylum, en Pittsburgh.