A esta edad la niña ya conoce su sexo y sabe que se trata de algo que no va a cambiar. Empieza a identificarse con su madre. Por eso quiere pintarse las uñas, usar zapatos de tacón, maquillarse...
Alos 5 años las niñas se vuelven muy clásicas en sus ideas: los niños son de una manera y las chicas de otra. Piensan en blanco y negro y sus estereotipos son invariablemente sexistas. Llaman brutos a los niños y ellos las tachan de cursis. Es muy probable que su hija no quiera ponerse una prenda porque es de niño. Esta actitud es normal y no debes obligarla a ponerse algo con lo que no se siente bien por este motivo.
ME CASARÉ CON MI PAPÁ
Ahora que su hija sabe que es una mujer como usted, se fijará en su padre como figura masculina y le parecerá tan interesante como le parece a usted. Puede que incluso diga que quiere casarse con él de mayor.
No se sorprenda si la relación íntima que mantenía con usted se va transformando en un apego fuerte con su padre. Ni tampoco si quiere estar guapa para él y desea que él la admire. Es lo normal a su edad. El padre es su primer gran amor dirigido a un hombre, el que más adelante la capacitará para amar en pareja.
En esta etapa, su actitud (la suya y la del padre) es fundamental para que su hija acepte su condición sexual y se sienta bien en su piel.
Es probable que entre ella y usted surjan las primeras muestras de rivalidad, tanto por su parte (quiere ser más guapa que usted), como por la suya puede sentir celos por la relación que ha entablado con el papá y por la atención que éste le dedica). Debe sobreponerse a estos sentimientos. Su hija necesita su afirmación y su apoyo para que aflore su identidad femenina. Usted es su
ejemplo de lo femenino. Por eso imita sus gestos, se pone sus tacones e intenta maquillarse como usted en cuanto usted descuida.
La actitud del padre también es decisiva: si la llama la niña más preciosa del mundo o mi princesa, la pequeña se sentirá reconocida en su identidad femenina.
Por eso es bueno que el padre se deje enternecer por la coquetería de su niña, pero dejándole clara la realidad: de mayor se casará con un hombre como él, pero no con él. Sus palabras (cariñosas pero contundentes) le harán mantener los pies en la tierra y la ayudarán a entender la relación de pareja de sus padres y el lugar que ocupa ella en la familia.
Numerosos estudios demuestran que cuanto más involucrados están los padres en la vida de sus hijas, más rinden éstas en la escuela y más metas alcanzan en el mundo profesional. En otras palabras: el apoyo del padre no sólo refuerza el desarrollo de su identidad sexual, sino también su autoestima y su futura competencia laboral.
Hay niñas de esta edad que insisten en que quieren ser niños. Les gustan más las prendas deportivas que los vestidos (suelen ser niñas muy inquietas) y se relacionan más y mejor con los niños que con las niñas. Pero no es preocupante. A medida que maduran van aceptando su condición, sobre todo cuando se dan cuenta de que el sexo no les condiciona tanto como en un principio pensaban.
COQUETA A MÁS NO PODER
En esta etapa es lógico que su hija juegue a ser una señora colocándose sus zapatos, sus bolsos y collares. Para evitarte posibles disgustos, facilítale un baúl o una caja grande con todo tipo de prendas viejas que ya no utilice: vestidos, ropa de trabajo, bolsos, pañuelos, collares...
También es bueno que haya prendas del padre, para que pueda probar todo tipo de roles: la mamá, el papá, el médico, la maestra, el frutero, la princesa... Un estuche de maquillaje infantil es el complemento idóneo.
Hágale fotos arreglada a su gusto y disfrute con ella de sus disfraces. Pero para no confundirla, explíquele que son esos disfraces, y que durante el día debe ir vestida con prendas de niña, no de mujer. Estimular su coquetería está bien, pero hacerlo demasiado, no. Su hija sigue siendo una niña pequeña en la que la identidad sexual sólo acaba de aflorar.
TODO PASA
Llegará un día que ella se irá adaptando a la vida de niña, y se dará cuenta o centrará su atención en otras cosas. Hasta que ese momento pase, como familia intégrense a la etapa en la que la pequeña juega a ser grande. Esta etapa es una de tantas más que vendrán en su vida. Tenga presente que si logró salir victoriosa de la etapa del ¿Por qué?, podrá manejar de maravilla esta coqueta etapa en la que la pequeña princesa de la casa juega a ser mamá.